Ahora más que nunca, se trata de agilidad

Si parece que los cambios que afectan a los negocios se producen cada vez más rápido es porque, efectivamente, esto es así. La globalización y la digitalización están haciendo que competidores disruptivos puedan acabar con las perspectivas de líderes tradicionales que se han mantenido en esa posición durante mucho tiempo. En paralelo, las expectativas de los clientes están aumentando y las empresas ya son conscientes de que, hoy en día, lo que antes era “suficientemente bueno" ya no lo es.

Incluso los datos en los que se basa la gestión de los negocios presentan desafíos particularmente difíciles. El ritmo de crecimiento es asombroso: el 90% de todos los datos del mundo se ha creado en los últimos dos años. Si tomamos en cuenta ese incremento, podríamos decir que, en menos de dos años, cualquier empresa tendrá que procesar, almacenar y analizar el doble del volumen de información que posee hoy en día. Es más, me atrevería a decir que seguramente sea una cifra mayor.

Tanto los cambios que estamos viviendo (y los que están por venir), como ese volumen de datos pueden alterar un negocio actuando por separado. Pero si los juntamos, ambos factores convergen en una especie de tormenta perfecta que pone a prueba incluso a las organizaciones más resilientes, preparadas e innovadoras.

En la era de la urgencia, la agilidad es básica
Ahora más que nunca, la agilidad es la clave del éxito. Nada de lo que vemos hoy en el mercado sugiere que los cambios vayan a dejar de ocurrir, por lo que las empresas que buscan progresar deben tener una visión completa para desarrollar un plan estratégico que responda a lo que ocurre a su alrededor, contar con control suficiente para ejecutar acciones coordinadas y significativas, y tener las herramientas necesarias para medir los resultados. Si lo que buscan es crecer a largo plazo, las organizaciones necesitan que la tecnología se anticipe al futuro y tenerlo en cuenta en sus planes, aunque eso incluya considerar 40, 60 e incluso 100 escenarios diferentes.

Todas estas capacidades son necesarias para operar con agilidad. El futuro será un ejercicio para optimizar continuamente la organización en función de las condiciones cambiantes del entorno. En este sentido, la dirección estratégica es vital, pero también lo es la capacidad de corregir la hoja de ruta cuando sea necesario.

Las compañías capaces de reconocer esto podrán aprovecharse del caos que seguramente consumirá a sus competidores menos ágiles. Sin embargo, aquellos que esperen demasiado para acometer los cambios necesarios se verán superados en todos los sentidos.

La clave de la agilidad es la planificación
La agilidad puede consistir en responder de manera inteligente al mercado, pero esa respuesta debe basarse en un plan. Y no me refiero al tipo de planificación estática (desarticulada, lenta y manual) que han realizado tradicionalmente las compañías, sino a una nueva generación de planificación empresarial posibilitada por la potente e innovadora tecnología de computación en la nube.  

Las empresas de todo el mundo están reemplazando su antiguo proceso de planificación por un entorno de planificación activo y dinámico, diseñado para la era de la urgencia que estamos viviendo. Los planes anuales que rápidamente quedan obsoletos, la visión de la empresa por silos y la planificación vertical de arriba abajo están dando paso a un proceso integral, continuo y colaborativo.

La agilidad siempre está al alcance, sin importar el tamaño de la organización
El futuro será complejo y las entidades necesitarán toda la ayuda posible. Por ello, el entorno de planificación debe estar construido para manejar la complejidad, pero aun así ser fácil de usar. 

Abordar dicha complejidad significa tener un motor de planificación que se escale rápidamente y sin problemas a través de diferentes sistemas, ubicaciones y entornos. Y la facilidad de uso implica garantizar que las personas más cercanas al negocio puedan planificar, es decir, aquellos que ven los problemas y los obstáculos en el momento en que surgen o que detectan las oportunidades de ingresos.

Aunque el departamento de finanzas es el más adecuado para organizar la planificación de toda la empresa, el proceso no puede residir únicamente allí. Éste debe involucrar a todas las partes implicadas en la gestión diaria del negocio, ya que ellos deben ser capaces de modelar escenarios hipotéticos para tener un plan ante cualquier incidente grave como, por ejemplo, que un proveedor principal se vea afectado por una catástrofe natural o un competidor desencadene una guerra de precios.

Después de todo, el futuro del mercado es también su futuro.
Los ganadores del mañana serán los más ágiles
La planificación empresarial moderna es una ventaja que lógicamente coloca a las empresas que aún se aferran a las viejas tradiciones en una desventaja estratégica. Atascados en este aspecto, estos negocios serán más lentos en responder y menos capaces de anticipar problemas y oportunidades. La brecha entre ellos y sus competidores más ágiles se ampliará. Todos los días, quedarán más rezagados y perderán un poco más.

Si hemos aprendido algo en Workday al ayudar a más de 4.000 empresas a transformar sus entornos de planificación empresarial de estáticos a dinámicos, es que la agilidad siempre está al alcance, sin importar el tamaño de la organización. Pero lograr agilidad significa tomar medidas, y pronto. Porque la era de la urgencia no espera a nadie.

TwitterLinkedinFacebookEmail