Trump recula en Davos tras la presión europea, pero persiste la desconfianza transatlántica
Actualidad | Última hora | 22/01/2026

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, lanzó una advertencia contundente sobre la evolución del orden global durante su intervención en el Foro Económico Mundial de Davos el 21 de enero de 2026. En su discurso, alertó de que el mundo se encamina hacia una era “sin reglas” y calificó de “fundamentalmente inaceptables” las amenazas arancelarias de Estados Unidos, especialmente cuando se emplean como instrumento de presión sobre la soberanía territorial de otros países.
La intervención de Macron supuso un giro significativo respecto a la actitud más conciliadora que Europa había mantenido hasta entonces hacia Washington. En Davos, varios líderes europeos expresaron de forma abierta su malestar ante las exigencias del presidente estadounidense, Donald Trump, en relación con Groenlandia y sus advertencias de imponer aranceles escalonados a países aliados. Horas después de este rechazo explícito por parte de Europa, Trump reculó en sus amenazas comerciales y aseguró que no utilizaría la fuerza militar para adquirir el territorio danés.
El debate sobre la fragilidad del orden internacional ya había tomado fuerza un día antes con las declaraciones del primer ministro de Canadá, Mark Carney, quien advirtió de que el mundo se encuentra ante una “ruptura” y no ante una simple transición. En su mensaje, llamó a las potencias intermedias a coordinarse frente al dominio de las grandes potencias y alertó de que quienes no participen en la toma de decisiones acabarán siendo objeto de ellas. Sin mencionar directamente a Estados Unidos, Carney describió un escenario en el que los aranceles, la infraestructura financiera y las cadenas de suministro se utilizan como herramientas de presión y coerción, un discurso que fue ampliamente elogiado en Davos y calificado por un senador canadiense como el más relevante pronunciado por un primer ministro del país desde la Segunda Guerra Mundial.
Macron fue todavía más explícito al denunciar que los acuerdos comerciales impulsados por Estados Unidos buscan debilitar y subordinar a Europa. En su intervención, criticó la acumulación constante de nuevos aranceles como una palanca de presión inaceptable contra la soberanía europea e instó a la Unión Europea a estar preparada para activar su instrumento anticoerción, concebido inicialmente para hacer frente a prácticas de presión por parte de China.
La reacción europea se extendió con rapidez por todo el continente. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, advirtió de que la Unión se encuentra en una encrucijada y aseguró que está plenamente preparada para actuar con unidad, urgencia y determinación si la situación lo exige. En la misma línea, el primer ministro de Polonia, Donald Tusk, afirmó que el apaciguamiento es siempre un signo de debilidad y que Europa no puede permitirse mostrarse débil ni ante sus adversarios ni frente a sus aliados.
La tensión también se reflejó en el ámbito económico y financiero. La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, abandonó una cena privada en Davos tras las críticas vertidas contra Europa por el secretario de Comercio de Estados Unidos, Howard Lutnick. Posteriormente, Lagarde señaló que la economía europea necesita una evaluación exhaustiva para afrontar el inicio de un nuevo orden mundial.
En paralelo, los 27 Estados miembros de la Unión Europea celebraron una cumbre de emergencia en Bruselas para coordinar su respuesta. El primer ministro de Suecia, Ulf Kristersson, aseguró que su país no aceptará ser chantajeado, mientras que desde Alemania se acusó a Trump de poner en riesgo el orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial.
Tras su discurso en Davos y su encuentro con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, el presidente estadounidense anunció finalmente que no aplicará los aranceles del 10% con los que había amenazado a ocho países europeos y que renuncia al uso de la fuerza para adquirir Groenlandia. Este gesto fue interpretado como un alivio parcial de la tensión, aunque no disipó del todo la desconfianza europea.
Ian Lesser, analista del German Marshall Fund, afirmó que se trata de un momento clave para la relación transatlántica. Sin embargo, fuentes diplomáticas de la Unión Europea advirtieron de que Trump ya ha demostrado su disposición a cruzar límites sensibles y podría volver a hacerlo. En este contexto, la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, valoró positivamente la desescalada, pero reiteró con firmeza que Estados Unidos no será propietario de Groenlandia, una línea roja que considera innegociable.







