Cada 24 de enero, el Día Internacional de la Educación nos invita a reflexionar sobre el papel que desempeña el aprendizaje en nuestra sociedad. En Canva, tras escuchar atentamente a profesionales de la educación encuestados en toda España, hemos llegado a una conclusión que destaca con claridad: el mundo para el que estamos educando cambia a un ritmo mucho más rápido que los sistemas educativos diseñados para sostenerlo.
También señalan que estamos dejando atrás la llamada “Era de la Información” para adentrarnos en lo que podría denominarse la “Era de la Imaginación”, una realidad en la que la creatividad y la innovación se convierten en los principales motores del progreso. Una nueva era en la que la tecnología, y especialmente la inteligencia artificial, amplifica la creatividad humana más allá del mero acceso y la retención de información.
En este contexto surge una pregunta clave: ¿tienen nuestros sistemas educativos los medios para dotar al alumnado con la suficiente rapidez de competencias para que prosperen en un mundo impulsado tanto por la imaginación como por el conocimiento? Y, más importante aún, ¿qué habilidades serán realmente decisivas en esta nueva era? A continuación, se recogen algunas de las principales tendencias destacadas por docentes de la comunidad educativa de Canva en España.
Lo que el profesorado identifica como clave para el futuro del aprendizaje
A través del diálogo directo con docentes, el diagnóstico es claro: el aprendizaje del futuro ya no puede organizarse únicamente en torno a los contenidos. Los educadores coinciden en que las competencias que necesitarán los estudiantes en los próximos años tienen más que ver con cómo piensan, cómo resuelven problemas, cómo colaboran y cómo desarrollan ideas originales.
El pensamiento crítico, la capacidad de análisis, la resolución de problemas y el trabajo en equipo se señalan reiteradamente como los pilares de un modelo educativo orientado al futuro. No sustituyen al conocimiento, sino que constituyen el marco que le da sentido y valor práctico en un mundo donde la imprevisibilidad se ha convertido en la norma. El aprendizaje, por tanto, deja de ser un ejercicio de acumulación de contenidos para convertirse en un proceso de comprensión, aplicación y adaptación.
Este cambio también redefine el papel del profesorado. Hoy, enseñar significa cada vez más orientar, acompañar y crear entornos de aprendizaje en los que el alumnado pueda experimentar, equivocarse y aprender de forma activa. Los docentes se están convirtiendo en facilitadores del aprendizaje, profesionales capaces de guiar procesos complejos y fomentar la autonomía del estudiante.
La comunicación visual como lenguaje de aprendizaje
En la nueva “Era de la Imaginación”, uno de los cambios más visibles en el aula es el creciente protagonismo de la comunicación visual, tal y como señala la gran mayoría de educadores. La comunicación visual no solo simplifica ideas complejas; ayuda a los estudiantes a estructurar su pensamiento creativo y a expresarlo con claridad. Para muchos docentes, comunicarse de forma visual es hoy una de las competencias más importantes a desarrollar.
Además, los recursos visuales tienen un impacto directo en la accesibilidad y la inclusión. Cuando los contenidos se presentan de forma clara, flexible y visual, se reducen barreras y se amplían las oportunidades de aprendizaje para estudiantes con distintos ritmos, capacidades y estilos cognitivos. La alfabetización visual emerge así como una competencia clave del presente y del futuro, tan esencial como la lectura y la escritura tradicionales.
La creatividad más allá del aula de plástica
El profesorado subraya que la creatividad ya no está confinada a las asignaturas artísticas. Al contrario, se consolida como una competencia transversal que necesita atravesar todas las áreas de aprendizaje y que sustenta la capacidad del alumnado para desenvolverse en contextos complejos y cambiantes.
Ser creativo significa saber conectar ideas, proponer soluciones, adaptarse a lo inesperado y construir respuestas originales. Como señalan los docentes, en un mundo marcado por el rápido avance tecnológico y la incertidumbre constante, el pensamiento creativo se convierte en una habilidad de supervivencia. Permite al alumnado adaptarse, responder a lo imprevisto y aportar valor humano en entornos donde la información es abundante y la automatización avanza. Es una competencia tan necesaria para resolver un problema matemático como para abordar un reto social o científico.
Tecnología e IA, al servicio del criterio humano y la creatividad
A medida que la tecnología y la inteligencia artificial adquieren un papel cada vez más relevante, los docentes señalan la creatividad y el criterio humano como los elementos que otorgan verdadero valor al aprendizaje. Lejos de competir entre sí, ambas capacidades están profundamente interconectadas: la creatividad impulsa un mejor juicio, mientras que un criterio sólido aporta dirección, sentido y responsabilidad a las ideas creativas.
En este contexto, la integración de herramientas digitales y de IA no consiste en sustituir el pensamiento humano, sino en potenciarlo. En muchas aulas, los docentes destacan que estas tecnologías ya se están utilizando para personalizar materiales educativos, apoyar la exploración creativa y liberar tiempo del profesorado para tareas pedagógicas de mayor valor. Como resultado, la mayoría de los educadores ve hoy la IA como una aliada capaz de ampliar las posibilidades creativas, siempre que esté guiada por la inteligencia humana.
Eso sí, el mensaje del profesorado es claro: la tecnología no piensa, no decide ni asume responsabilidades por sí sola. En la “Era de la Imaginación”, el verdadero reto no es elegir entre creatividad o tecnología, sino garantizar que la tecnología esté siempre supervisada por el criterio humano.
Educar hoy para el mañana
El futuro de la educación no es una decisión que pueda posponerse. Se debe construir cada día, en cada aula, en cada política educativa y en cada compromiso institucional. Sin embargo, muchos profesionales de la educación siguen percibiendo un sistema que aún no se ha adaptado plenamente a las competencias y realidades que exige nuestro futuro.
En este Día Internacional de la Educación, el desafío es claro: preparar a las nuevas generaciones para pensar, crear y adaptarse no es algo opcional; es una responsabilidad compartida. El futuro de la educación no vendrá definido por lo que enseñamos, sino por lo que ayudamos a los estudiantes a construir más allá de los contenidos.








