Si alguien me hubiera dicho hace unos años que, al acercarnos al MWC (que se celebrará del 2 al 5 de marzo de 2026 en Barcelona), hablaríamos muy poco de “móviles” y prácticamente todo de inteligencia distribuida, redes cognitivas y alianzas estratégicas, probablemente me habría sorprendido. Y, sin embargo, aquí estamos.
Este congreso, que durante décadas fue sinónimo de gadgets y novedades orientadas al consumo, ha evolucionado hasta convertirse en un foro donde se discute y decide el futuro de la economía digital global. Hemos pasado de dispositivos, a infraestructuras, y de ahí a modelos de negocio y tendencias empresariales y sociales.
Y en 2026, la reina indiscutible será la inteligencia artificial. Bajo el lema The IQ era, el énfasis será en la alianza entre comunicaciones y capacidades cognitivas. En recientes declaraciones sobre el congreso, el CEO de GSMA, John Hoffman, estimó que el MWC de este año podrá superar su récord de asistencia, con más de 100.000 visitantes, y generar alrededor de 585 millones de euros de impacto económico.
En la pasada edición, la implantación de la IA fue ya protagonista y marcó el rumbo de las conversaciones. En 2026 esperamos ver el paso de una gran promesa a negocio real con múltiples implementaciones. Los demostradores convertidos en producto y el concepto ‘IA enabled’ como coletilla de cualquier nueva propuesta de valor, integrada en modelos empresariales, operaciones y redes corporativas.
Las cifras de la IA, que muchos consideran que es un enorme hype, son impresionantes. En el último año, más de la mitad de la inversión mundial en capital riesgo se ha concentrado en compañías vinculadas a inteligencia artificial; el mercado global de fusiones y adquisiciones ha supuesto varios billones de dólares impulsado en gran parte por operaciones tecnológicas; y las grandes corporaciones están destinando decenas de miles de millones a integrar capacidades de IA en sus modelos de negocio. En este contexto, es perfectamente lógico que una feria que aspira a mantenerse en la vanguardia de cualquier avance tecnológico tenga en la inteligencia artificial su eje central. Es donde hoy se está pilotando la inversión y la ventaja competitiva.
Por poner un ejemplo de una compañía con riesgo de ‘quedarse atrás’: Intel ha anunciado que mostrará en Barcelona cómo la IA puede integrarse directamente en redes móviles y en el Edge Computing para maximizar eficiencia y retorno de inversión, y aportará el debate de cómo poner IA en funcionamiento en tiempo real dentro de infraestructuras existentes, sin necesidad de renovar todo desde cero.
Una de las claves para leer esta edición del MWC es prestar atención no solo a lo que ocurre en los stands, sino a lo que se anticipa antes de que empiece. Viendo el programa de sesiones, podemos adelantar relevancia en aspectos como la convergencia de redes terrestres y satelitales, para una cobertura realmente global, permitiendo llevar cobertura a zonas sin red y habilitar servicios IoT y datos allá donde las infraestructuras tradicionales no llegan. En cuanto a la IA aplicada, en los pasillos ya circulan noticias de empresas que anticipan su presencia con soluciones listas para producción. Este es el caso de IQSTEL Inc. (https://www.iqstel.com/), que ha anunciado el lanzamiento global de sus servicios de IA para gestión de conversaciones y automatización para operadores y empresas, con demos que se verán en su espacio en el congreso. Y aunque puede que no veamos el clásico “dispositivo revolucionario”, varias compañías están apostando por interfaces más allá del teléfono inteligente. Ya se han escuchado rumores sobre iniciativas de IA “vestible” y experiencias inmersivas que apuntan a que la IA no solo será parte de la red, sino parte de cómo interactuamos con ella como humanos.
¿Y qué no está en los titulares? Más allá de lo tecnológico, la política y la regulación están muy presentes. La dimensión geopolítica de la tecnología (tema inevitable hoy en día) se percibe en decisiones y ausencias que rodean al evento. Esto recuerda que la tecnología ya no puede entenderse sin su contexto político e industrial global. Aunque, en estos días, no hay confirmaciones oficiales sobre boicots específicos, sí es un tema recurrente en análisis y discusiones informales de la comunidad.
Así que, si al MWC de 2026 se le puede atribuir algo, es que nos obliga a plantear una pregunta más amplia: ¿Cómo se estructura una economía digital basada en inteligencia y conectividad ubicua?







