El Gobierno ha optado por una regularización extraordinaria mediante decreto-ley.  ¿Qué diferencia esta regularización de otras iniciativas similares del pasado en España?

La gran diferencia es que esta regularización parte de una realidad que ya existe. No hablamos de personas que van a llegar, sino de personas que ya están aquí, que trabajan, cuidan a mayores y niños, pagan alquileres y forman parte de la vida cotidiana del país, pero sin una situación administrativa regular. En muchos casos, simplemente porque no han tenido otra vía posible.

Desde Extranjeriaclara.com vemos que, a diferencia de procesos anteriores, esta regularización es más concreta y está mejor delimitada: hay una fecha clara de referencia para la estancia en España, requisitos definidos y un objetivo explícito de dar una salida administrativa a una situación que llevaba años bloqueada. Se rompe así un círculo muy habitual y es el de no tengo NIE porque no tengo contrato y no tengo contrato porque no tengo NIE. Si se concede ese primer paso, confiamos en que pueda ordenarse también el resto de ámbitos como el laboral, social y administrativo. No es una amnistía general, sino un intento de ordenar lo que ya está ocurriendo en la práctica. El verdadero desafío estará en cómo se aplique.

¿Hasta qué punto esta decisión responde más a una necesidad económica y laboral que a una visión de derechos?

En realidad, ambas cosas van de la mano. En Extranjeriaclara.com tratamos cada día con personas que ya están trabajando, muchas veces en condiciones precarias, y que lo único que necesitan es seguridad jurídica para dejar de vivir con miedo. Eso es una cuestión de derechos básicos, los mismos que cualquiera reclamaría si trabajara en otro país.

Pero también es una realidad económica. Regularizar significa sacar empleo de la economía sumergida, permitir que se cotice y dar estabilidad tanto a trabajadores como a empresas y familias empleadoras. La clave está en no convertirlo en un debate ideológico, sino en entenderlo como una respuesta práctica a una situación que ya existe.

¿Qué efectos inmediatos puede tener esta regularización en sectores como hostelería, agricultura o cuidados?

El primer efecto es muy humano y hace referencia a un menor miedo y a más estabilidad. En Extranjeriaclara.com vemos especialmente los sectores de cuidados y hostelería, donde muchas personas trabajan sin contrato simplemente porque no tienen papeles. Una regularización bien ejecutada puede permitir que esas relaciones laborales se formalicen y que la gente empiece a planificar su vida con cierta tranquilidad.

En agricultura, puede aportar más previsibilidad a las campañas, pero solo si los permisos llegan a tiempo. Si los expedientes se retrasan durante meses, el impacto real se diluye. Por eso la agilidad será fundamental. Y no hay que olvidar la construcción, donde existe una demanda altísima de profesionales cualificados (electricistas, soldadores, especialistas en automatización…), que hoy no se cubre con trabajadores nacionales suficientes.

¿Está preparada la Administración para gestionar tantas solicitudes?

Aquí está el gran reto. Sabemos que el sistema de extranjería ya funciona con mucha presión en el día a día. Si no hay refuerzos reales, criterios claros y procedimientos bien definidos, el riesgo de colapso es alto. La mayoría de los retrasos no se deben a mala fe, sino a errores en la documentación, requerimientos repetidos o falta de información clara. Si esto no se corrige, la regularización puede convertirse en una carrera de obstáculos para personas que ya parten de una situación vulnerable.

¿Qué impacto puede tener en la sostenibilidad del sistema de protección social?

A medio y largo plazo, el impacto puede ser positivo. Regularizar significa más personas cotizando, menos economía sumergida y mayor estabilidad laboral. En Extranjeriaclara.com vemos que, cuando alguien obtiene papeles, no piensa en pedir ayudas. Tan sólo piensa en trabajar con normalidad, alquilar una vivienda y vivir sin miedo.

El riesgo no está en la regularización en sí, sino en una mala ejecución que retrase permisos y mantenga a las personas en un limbo administrativo. Además, no hay que olvidar que muchas de estas personas ya están aquí y ya están trabajando. Otro reto será el ajuste de ciertos sectores cuando los salarios se formalicen, porque mantener precios bajos con empleo regularizado exigirá mejoras en productividad.

Mirando al futuro, ¿será una solución necesaria o una oportunidad perdida?

Dependerá de cómo se gestione. Puede ser una solución necesaria si el proceso es claro, ágil y humano. Pero puede convertirse en una oportunidad perdida si se llena de trabas, criterios cambiantes o retrasos interminables.

Nosotros creemos que el éxito no se medirá solo en cifras, sino en algo muy sencillo y es cuántas personas consiguen regularizarse sin perder meses o años por errores evitables. Hoy ya tenemos clientes que esperan más de siete meses por una respuesta a expedientes presentados, y eso demuestra que el sistema necesita mejorar.

Si se pone a las personas en el centro, esta regularización puede marcar un antes y un después. Si no, será otra buena idea que no logró traducirse en resultados reales.

¿Está preparada la Administración para gestionar un volumen de solicitudes tan elevado en tan poco tiempo?

Si somos realistas, la Administración va a ir muy justa. En Extranjeriaclara.com trabajamos a diario con oficinas de extranjería y ya estamos viendo retrasos en trámites ordinarios. Si a esa carga habitual se le suma ahora un proceso excepcional con cientos de miles de posibles solicitudes, el riesgo de saturación es evidente.

El problema no es solo la cantidad de expedientes, sino también su complejidad. Muchos retrasos se producen por pequeños errores en la documentación o por falta de información clara sobre qué se exige exactamente. Si no se refuerzan los equipos y no se simplifican los criterios, el verdadero cuello de botella no será la norma, sino la tramitación.

¿Qué impacto puede tener esta medida en la sostenibilidad del sistema de protección social?

Si se aplica bien, el impacto puede ser positivo. Regularizar no significa aumentar automáticamente el gasto social. De hecho, desde Extranjeriaclara.com vemos justo lo contrario: cuando una persona consigue papeles, lo que quiere es trabajar con normalidad, cotizar y dejar atrás la economía sumergida. Eso fortalece la base del sistema y reduce situaciones de vulnerabilidad extrema.

El problema aparece cuando los procesos se alargan demasiado y las personas se quedan atrapadas en un limbo administrativo, sin posibilidad real de acceder a un empleo legal. Es en ese punto, cuando no se les permite trabajar, donde empiezan a necesitar ayudas, porque a veces no hay otra alternativa para sobrevivir.

Cuando se analice dentro de unos años, ¿cree que esta regularización se verá como una solución necesaria o como una oportunidad perdida?

Todo va a depender de cómo se ejecute en la práctica. Puede verse como una solución necesaria si el proceso es claro, ágil y humano, y si las personas logran regularizarse sin años de retrasos ni cambios constantes de criterio. Pero también puede quedarse en una oportunidad perdida si termina siendo un trámite lento, confuso y con resultados muy desiguales según la provincia.

Desde Extranjeriaclara.com creemos que el éxito no se medirá solo en cifras, sino en algo mucho más concreto: cuántas personas consiguen sus papeles sin perder tiempo, empleo y estabilidad por problemas administrativos que se podrían haber evitado. Si de verdad las resoluciones llegan en plazos como los 15 días que se han mencionado, estaríamos ante algo poco habitual, y habrá que confiar… y también evaluar los resultados con datos.

Si se pone a las personas en el centro, esta regularización puede marcar un antes y un después. Si no, será otra buena intención que se quedó a medio camino.