Iwao Hosako, Ph.D - Head of Beyond 5G R&D Promotion Unit – National Institute of Information and Communications Technology
España se consolida como uno de los países europeos más avanzados en 5G SA, pero Japón ya prueba 6G con velocidades en terahercios. ¿Estamos ante un salto evolutivo o una ruptura tecnológica real?
España está avanzando con rapidez en el despliegue de 5G Standalone, que representa la versión más madura del 5G. Esta tecnología permite redes más eficientes, menor latencia y nuevos usos industriales, por lo que es clave para digitalizar sectores como la logística, la sanidad o la industria.
El 6G, sin embargo, se está planteando con una ambición diferente y enfocándose en repensar cómo funcionan las redes. Las investigaciones que se están llevando a cabo en Japón, por ejemplo, exploran el uso de frecuencias mucho más altas, como en la banda de los terahercios, asimismo en arquitecturas que integren comunicaciones terrestres, satelitales e incluso plataformas estratosféricas.
Por eso, más que una simple evolución del 5G, muchos expertos lo consideran un cambio de paradigma. Mientras el 5G optimiza la infraestructura actual, el 6G busca crear una red mucho más integrada con el entorno digital y físico, capaz de soportar aplicaciones que hoy todavía están en fase experimental, como sistemas avanzados de inteligencia artificial distribuida, entornos inmersivos o ciudades completamente conectadas.
Para nosotros, el 5G SA se está consolidando el presente de la conectividad en países como España, mientras que el 6G empieza a diseñar la infraestructura de la próxima década.
Europa debate sobre soberanía tecnológica. ¿Está llegando tarde a la carrera del 6G frente a Asia?
Desde la perspectiva del NICT, más que una carrera por ser el primero, el verdadero reto está en definir las arquitecturas tecnológicas que harán posible la próxima generación de redes, desde el uso de nuevas bandas de espectro hasta la integración con redes no terrestres o la mejora radical de la eficiencia energética.
Por ello, el progreso hacia el 6G dependerá menos de la velocidad de cada región y más de la capacidad de colaboración entre instituciones de investigación, universidades, industria y organismos públicos de distintas regiones de Europa, Asía o Norteamérica.
Han anunciado sistemas de IA para optimizar la recolección de datos en tiempo real. ¿Será el 6G inseparable de la inteligencia artificial?
Desde nuestra perspectiva, es muy probable que el 6G esté estrechamente ligado a la inteligencia artificial. A medida que las redes se vuelven más complejas, es decir con más dispositivos conectados, más datos circulando y nuevas capas de infraestructura como satélites o plataformas estratosféricas, será cada vez más difícil gestionarlas únicamente con sistemas tradicionales.
En el contexto de investigación del NICT, la IA se está explorando como una herramienta para optimizar múltiples capas de la red. Desde la gestión dinámica del espectro y la asignación de recursos radioeléctricos, hasta el análisis continuo de datos de red para anticipar congestiones o fallos antes de que se produzcan.
Además, en entornos como las frecuencias de terahercios o la integración de redes terrestres y no terrestres, la variabilidad de las condiciones de transmisión es mucho mayor que en generaciones anteriores. En ese escenario, los sistemas basados en aprendizaje automático pueden ayudar a ajustar parámetros de red de forma autónoma y mucho más rápida que los sistemas tradicionales.
El salto a 6G implica nuevas infraestructuras y costes masivos. ¿Existe riesgo de que el mercado no esté dispuesto a financiar otra transición tan rápida tras el 5G?
Es una preocupación legítima. El despliegue de cada nueva generación de red implica inversiones importantes, y todavía estamos en una fase relativamente temprana de adopción del 5G en algunos mercados. Por eso, desde la investigación pública planteamos el 6G como una transición y evolución que se desarrollará progresivamente a lo largo de la próxima década.
Además, parte del trabajo que estamos realizando busca precisamente mejorar la eficiencia de las infraestructuras. Tecnologías como las redes fotónicas o nuevas arquitecturas de red pueden reducir el consumo energético y optimizar la gestión del tráfico, lo que a largo plazo también puede ayudar a mejorar la sostenibilidad económica de estas redes.
¿Las barreras regulatorias en Europa podrían frenar la adopción de bandas como los 300 GHz frente a modelos más ágiles en Asia?
La regulación siempre influye en cómo se usan nuevas frecuencias. En el caso de bandas muy altas, como las cercanas a los 300 GHz, Europa suele avanzar más despacio que Asia porque necesita que todos los países y actores estén de acuerdo. Eso puede hacer que los plazos se alarguen.
Por eso, más que pensar en “quién llega primero”, lo importante es que el 6G se desarrolle de forma segura y coordinada. La cooperación internacional será clave para que las nuevas redes funcionen a nivel global.
Si tuviera que señalar el mayor obstáculo antes de que el 6G llegue al mercado —técnico, económico o político—, ¿cuál sería y por qué?
El mayor desafío del 6G surge de la combinación entre los límites físicos de las ondas de terahercios y la viabilidad económica de su despliegue. Esta tecnología puede alcanzar velocidades de Terabit, pero las ondas se bloquean con facilidad.
A esto se suma el reto económico. El 6G necesita muchos más puntos de acceso que el 5G, y cada uno implica consumo de energía y mantenimiento. Sin un diseño eficiente, los costes podrían resultar inasumibles para las operadoras. Por eso, el despliegue debe centrarse en optimizar la infraestructura y reducir gastos, garantizando que la tecnología sea sostenible y rentable.
Además, los estándares globales son fundamentales. Si cada región desarrolla 6G con normas distintas, la interoperabilidad se rompe y los dispositivos se encarecen. Contar con reglas compartidas a nivel internacional es clave para que el 6G pueda implementarse de manera eficiente y accesible en todo el mundo.










