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Adolfo Ramírez

Experto en transformación empresarial y autor del libro “El valor de la autenticidad”

La autenticidad, un principio que tendría que ser tan natural como respirar, ¿Se ha convertido en una excepción en el mundo de los negocios?

En la competitiva era digital en la que vivimos, en un contexto en el que prima la inmediatez y la búsqueda constante de beneficios rápidos, estamos empezando a aceptar, de forma muy peligrosa, que principios como la honestidad, la ética o sencillamente hacer lo que decimos, son valores que van perdiendo importancia.

Me refiero a una mentalidad que no solo socava la confianza entre las empresas y sus clientes, empleados y socios, sino que también pone en riesgo la sostenibilidad a largo plazo de las organizaciones.

En este escenario, podemos visualizar tres pilares: la cultura, el liderazgo genuino y las dinámicas de valor. Estos permitirán afianzar o recuperar tanto los valores como la autenticidad en las organizaciones.

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La Cultura

La cultura organizacional es uno de los pilares fundamentales para establecer y mantener la congruencia en las empresas. Es el conjunto de valores, creencias y prácticas compartidas que definen cómo se comportan y toman decisiones los miembros de una organización. Una cultura sólida y coherente no solo guía las acciones diarias, sino que también alinea a todos los empleados con la visión y misión de la empresa.

Para que una cultura sea consistente, debe ser coherente y reflejarse en todos los niveles de la organización. Esto significa que los valores proclamados deben ser vividos y ejemplificados por todos, desde la alta dirección hasta los empleados de primera línea. La comunicación abierta y transparente es esencial para fomentar una cultura auténtica.

En un tejido empresarial en constante cambio, en el que la inteligencia artificial está replanteando los modelos de relación y negocio, es esencial que las organizaciones sean capaces de evolucionar sin perder de vista sus valores fundamentales. Esto implica fomentar una mentalidad de crecimiento y estar abiertos a nuevas ideas y enfoques, mientras se mantiene un firme compromiso con la integridad y la ética.

Liderazgo auténtico

Un liderazgo genuino implica liderar con el ejemplo, siendo coherente entre lo que se dice y lo que se hace. Los líderes genuinos inspiran confianza y respeto, no solo por su competencia y habilidades, sino también por su integridad y transparencia.

Un líder auténtico es aquel que se compromete profundamente con los valores de la organización y se asegura de que estos se reflejen en todas las decisiones y acciones. Son líderes accesibles que fomentan un ambiente de comunicación abierta y honesta. No temen admitir errores y ven los desafíos como oportunidades para aprender y crecer, tanto a nivel personal como organizacional.

Estos líderes de valor se preocupan honestamente por el bienestar y el crecimiento de sus empleados. Promueven un entorno en el que cada individuo se sienta valorado y tenga la oportunidad de alcanzar su máximo potencial.

Dinámicas de Valor

Estas dinámicas se refieren a los procesos y prácticas que alinean las acciones diarias con los valores declarados de la empresa. Son el vehículo para convertir los valores en hábitos, garantizando que la cultura de la organización se viva en el día a día.

En “El valor de la autenticidad” hemos identificado estas siete dinámicas:

  1. Integridad: Es la base de todas las interacciones y decisiones. La honestidad y la transparencia son fundamentales para generar confianza. Las empresas que valoran la integridad actúan de acuerdo con sus principios, incluso cuando es difícil o impopular.
  2. Compromiso con el cliente: Más que satisfacer necesidades, se trata de construir relaciones duraderas basadas en la confianza y el respeto. Esto implica escuchar activamente a los clientes y responder a sus necesidades y expectativas de manera consistente y confiable.
  3. Desarrollo de las personas: Promover el crecimiento personal y profesional de los empleados, fomentando un ambiente de aprendizaje continuo. Las empresas comprometidas con el desarrollo de sus empleados invierten en formación y desarrollo, reconociendo que su crecimiento contribuye directamente al éxito de la organización.
  4. Gestión inteligente y ética de los datos: Utilizar los datos de manera responsable, protegiendo la privacidad y generando valor añadido. Las organizaciones deben ser transparentes sobre cómo recopilan, usan y protegen la información, asegurando que los datos se gestionen de manera ética y segura.
  5. Innovación: Fomentar la creatividad y la adopción de nuevas ideas y tecnologías para mantenerse competitivos y relevantes. La innovación no solo se refiere a productos y servicios, sino también a procesos y prácticas que pueden mejorar la eficiencia y la efectividad de la organización.
  6. Colaboración: Trabajar de manera conjunta y coordinada, tanto internamente como con socios externos, para alcanzar objetivos comunes. La colaboración efectiva implica la construcción de relaciones basadas en la confianza y el respeto mutuo, lo cual es esencial para el éxito a largo plazo.
  7. Sostenibilidad: Implementar prácticas que aseguren un impacto positivo en la sociedad y el medio ambiente, garantizando la viabilidad a largo plazo. Las empresas responsables reconocen su responsabilidad hacia las futuras generaciones y actúan en consecuencia para preservar y mejorar los recursos naturales y sociales.

 

En definitiva, recuperar o afianzar la autenticidad se ha convertido en un reto ineludible en un mundo invadido de filtros y realidades aumentadas. Las organizaciones auténticas que impulsan la transparencia, la ética y la coherencia, además de sus propios beneficios, están promoviendo un mercado más justo y una sociedad más equitativa.