Abrir la puerta al primer empleo: empresa e inclusión frente a la vulnerabilidad juvenil
Alberto Casillas | 30/09/2026

Acceder al mercado laboral continúa siendo especialmente difícil para miles de jóvenes. La falta de experiencia, las trayectorias formativas interrumpidas, la ausencia de acreditaciones profesionales o el desajuste entre las competencias adquiridas y las que buscan las empresas conforman una barrera de entrada que afecta con mayor intensidad a quienes parten de situaciones de vulnerabilidad.
El desempleo alcanza a cerca de uno de cada cuatro menores de 25 años que quiere trabajar, una realidad que convierte la primera oportunidad profesional en un elemento decisivo para evitar que la desigualdad se prolongue en el tiempo.
Ante este escenario, la colaboración entre empresas y entidades sociales aparece como una de las vías para conectar talento y oportunidades. El programa Incorpora, impulsado por la Fundación ”la Caixa” desde 2006, cerró el primer semestre de 2026 con 21.383 contrataciones de personas en situación de vulnerabilidad en toda España. De ellas, 5.905 correspondieron a jóvenes con especiales dificultades para acceder al mercado laboral. Más allá de las cifras, el modelo plantea una aproximación en la que orientación, formación, intermediación y necesidades reales del tejido empresarial forman parte de una misma estrategia.
La primera oportunidad como punto de inflexión
El acceso a un primer empleo puede condicionar buena parte de la trayectoria posterior de un joven. No disponer de experiencia dificulta encontrar trabajo, pero no conseguir ese primer trabajo impide precisamente adquirir la experiencia que demanda el mercado. Cuando a esta paradoja se añaden dificultades económicas, sociales o formativas, el riesgo de quedar progresivamente alejado de las oportunidades laborales aumenta.
Marc Simón, subdirector general de la Fundación ”la Caixa”, pone el foco precisamente en ese momento inicial: «Las primeras oportunidades laborales son determinantes para el futuro de los jóvenes. Sin embargo, muchos de ellos afrontan barreras económicas y sociales o carencias formativas que dificultan su acceso al empleo, lo que aumenta el riesgo de exclusión».
La cuestión no afecta únicamente a quienes buscan trabajo. Para el tejido empresarial, mejorar los mecanismos de incorporación de jóvenes con dificultades supone también ampliar las vías de acceso al talento y encontrar candidatos para necesidades concretas de contratación que, en ocasiones, no encuentran respuesta a través de los canales tradicionales.
El modelo de Incorpora intenta intervenir precisamente en esa conexión. Durante los seis primeros meses de 2026, casi 10.000 empresas colaboraron con el programa, dentro de una red formada también por más de 400 entidades sociales y más de 1.000 profesionales especializados en orientación e intermediación laboral. La dimensión de la red permite abordar el empleo desde dos perspectivas complementarias: conocer las capacidades y necesidades de las personas y entender, al mismo tiempo, qué perfiles requieren las compañías.
Para Simón, esa intermediación resulta especialmente relevante para evitar que las dificultades iniciales terminen convirtiéndose en una exclusión permanente: «Por eso es fundamental acompañarlos y facilitar su conexión con las empresas para que puedan acceder al mercado laboral en igualdad de oportunidades».

Itinerarios personalizados para conectar talento y empresa
Uno de los elementos centrales del programa es evitar soluciones homogéneas para situaciones que pueden ser muy diferentes. Incorpora parte de las capacidades, la experiencia y las necesidades de cada participante para desarrollar itinerarios individualizados de orientación, formación e intermediación laboral. Paralelamente, trabaja con las empresas para identificar sus necesidades de contratación y buscar puntos de encuentro entre la oferta y la demanda de empleo.
El planteamiento resulta especialmente relevante en el caso de los jóvenes vulnerables, porque las dificultades para incorporarse al mercado de trabajo no responden siempre a una única causa. Un candidato puede necesitar reforzar su formación, otro contar con acompañamiento para acreditar determinadas competencias y otro simplemente encontrar una empresa dispuesta a ofrecer esa primera experiencia que le permita iniciar su carrera profesional.
El trabajo de intermediación busca reducir esa distancia. En lugar de limitarse a poner una vacante frente a un candidato, incorpora un proceso previo de conocimiento de la persona y de las necesidades de la empresa. La finalidad es que la contratación tenga mayores posibilidades de encajar y sostenerse en el tiempo.
La estructura territorial tiene también un papel relevante. Las entidades sociales que integran la red trabajan de manera coordinada con los recursos sociales, formativos y de empleo disponibles en cada zona, lo que permite adaptar las actuaciones a las particularidades locales y ampliar las oportunidades de inserción. El mercado laboral no presenta las mismas necesidades en todos los territorios y, por ello, la capacidad de ajustar la intervención al entorno resulta determinante.
Desde el punto de vista empresarial, este tipo de colaboración convierte a las compañías en un agente activo de la inclusión. Su participación no se limita a la contratación final, sino que forma parte del engranaje necesario para detectar qué competencias se necesitan y facilitar que quienes tienen más dificultades puedan llegar hasta esas oportunidades.
Una red para romper el círculo de la desigualdad
La inserción laboral forma parte de una estrategia social más amplia de la Fundación ”la Caixa” dirigida a niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad. Junto a Incorpora, la entidad desarrolla iniciativas como CaixaProinfancia, las Convocatorias de Proyectos Sociales y las convocatorias Más Infancia y Más Empleo Joven. En conjunto, más de 140.000 niños y jóvenes reciben cada año apoyo a través de estos programas, desarrollados junto a una amplia red de entidades sociales repartidas por el país.
La dimensión de esta actividad se refleja también en los recursos destinados a ella. En 2026, la Fundación ”la Caixa” prevé dedicar más de 700 millones de euros a transformación social, con el propósito de actuar allí donde las necesidades son más urgentes.
Dentro de ese marco, el empleo ocupa una posición especialmente relevante porque puede funcionar como una de las principales vías para avanzar hacia la autonomía económica y personal. Conseguir un puesto de trabajo no elimina por sí solo todas las situaciones de vulnerabilidad, pero puede representar el comienzo de una trayectoria distinta.
Las 5.905 contrataciones de jóvenes conseguidas durante el primer semestre muestran la escala que puede alcanzar la colaboración entre entidades sociales y compañías cuando existe una estructura capaz de acompañar el proceso. También plantean una reflexión para las empresas: la inclusión laboral no tiene por qué contemplarse únicamente desde la responsabilidad social, sino también desde la gestión del talento y la capacidad de incorporar perfiles que podrían quedar fuera de los procesos convencionales de selección.
Y es que, en un mercado laboral que reclama profesionales y competencias cada vez más específicas, dejar talento atrás supone también perder oportunidades. Facilitar el acceso de los jóvenes vulnerables al empleo implica actuar sobre una de las etapas más decisivas de su vida profesional y, al mismo tiempo, construir un mercado de trabajo más abierto. La primera oportunidad puede parecer solo una contratación; para quien todavía no ha podido acceder al mercado laboral, puede ser el punto desde el que empezar a construir todo lo demás.









