Europa mejora su capacidad para crear y desarrollar startups, pero no todos los países avanzan al mismo ritmo. España refleja bien esa diferencia.
El primer European Startup and Scaleup Scoreboard, publicado por la Comisión Europea en 2026, analiza los ecosistemas de startups y scaleups de los 27 Estados miembros mediante 36 indicadores. Los agrupa en seis dimensiones: regulación favorable a la innovación, talento, acceso a infraestructuras, redes y servicios, financiación, rapidez de acceso y expansión en el mercado e impacto.
El resultado europeo es positivo en términos generales. La puntuación media de la Unión Europea en 2025 mejoró 13,5 puntos porcentuales frente a 2020 y 20 de los 27 Estados miembros aumentaron su rendimiento.
Pero el informe también identifica una dificultad persistente: acceder a financiación, sobre todo en las fases más avanzadas de crecimiento.
En este contexto, la situación española presenta luces y sombras.
España mejora, pero mantiene brechas
La Comisión describe el rendimiento de España como desigual. Los resultados se sitúan, en términos generales, en torno a la media europea o por debajo de ella.
La regulación favorable a la innovación es la dimensión en la que España obtiene su resultado relativo más positivo. El país supera ligeramente la media de la UE, lo que apunta a unas condiciones regulatorias comparativamente favorables para la actividad emprendedora.
La fotografía cambia en otras áreas.
España queda por debajo de la media en acceso a infraestructuras, redes y servicios y en capacidad para disponer del mejor talento. Las diferencias son mayores en tres dimensiones directamente vinculadas al crecimiento empresarial: financiación, rapidez de acceso y expansión en el mercado e impacto.
El diagnóstico resulta especialmente relevante porque el problema europeo ya no se limita a crear empresas innovadoras. La cuestión es conseguir que una mayor proporción de ellas pueda crecer, acceder a capital, entrar en nuevos mercados y alcanzar escala.
Ese reto aparece también en la comparación europea.
Países como Dinamarca muestran cómo distintas condiciones pueden combinarse. Su índice global alcanza el 148,2% de la media europea. Presenta resultados particularmente sólidos en regulación y talento y niveles elevados de inversión de capital riesgo en fases tempranas.
Los Países Bajos ofrecen otro ejemplo. Tienen menos startups y scaleups por millón de habitantes que la media de la UE, pero concentran más empresas de elevada valoración. También registran niveles de inversión de capital riesgo superiores a la media europea tanto en fases iniciales como posteriores.
Esto muestra que el volumen de startups no explica por sí solo la fortaleza de un ecosistema. Importa también qué ocurre después de la creación.
Financiar el crecimiento sigue pendiente
El acceso a financiación aparece como una cuestión transversal en el Scoreboard. A escala europea, la Comisión identifica la disponibilidad de capital, especialmente en las fases posteriores, como una limitación para startups y scaleups. La valoración agregada del ecosistema europeo representa aproximadamente el 20% de la estadounidense y el 60% de la china.
España parte de esta dificultad europea, pero su informe nacional señala también un rendimiento inferior a la media específicamente en la dimensión de financiación.
Esto sitúa el crecimiento empresarial en el centro del debate. Una startup puede haber validado su tecnología, incorporado clientes o demostrado que existe mercado. El siguiente paso exige recursos distintos. Expandir producción, internacionalizar operaciones, desarrollar nuevas capacidades o acelerar la llegada al mercado puede requerir volúmenes de financiación que ya no corresponden a las primeras fases de emprendimiento.
El Scoreboard no pretende resolver esa necesidad ni sustituir el análisis financiero de cada empresa. Su utilidad consiste en mostrar qué elementos del ecosistema facilitan o frenan el desarrollo de compañías capaces de crecer.
También permite evitar una lectura demasiado simple de los rankings. La propia Comisión presenta esta primera edición como un ejercicio piloto. Existen limitaciones en la disponibilidad y armonización de los datos y un índice agregado no puede reflejar todas las particularidades de cada país.
Por esa razón, los informes nacionales son especialmente útiles.
En el caso español, el mensaje no es que falte capacidad emprendedora. El informe señala unas condiciones regulatorias relativamente favorables, pero detecta brechas en los factores que permiten pasar de una empresa innovadora a una compañía con mayor capacidad de expansión.
Reducir esa distancia exigirá actuar sobre más de un elemento: financiación, acceso a mercados, talento e infraestructura forman parte de la misma ecuación.
La EU Startup and Scaleup Strategy sitúa precisamente el crecimiento de empresas innovadoras entre sus prioridades. El nuevo Scoreboard permitirá observar, en futuras ediciones, si las condiciones españolas convergen con las de los ecosistemas europeos que hoy obtienen mejores resultados.
Para las empresas, esa evolución también plantea una pregunta práctica: qué combinación de financiación pública y privada puede acompañar cada etapa de crecimiento.










