En el ámbito corporativo, crisis y reputación suelen aparecer unidas. Forman un binomio casi inseparable. Sin embargo, se habla menos de cómo una victoria puede convertirse en un activo reputacional cuando se gestiona con honestidad y criterio profesional.
La victoria de la Roja en el Mundial 2026 ha dado a España una enorme notoriedad. La selección ha ocupado portadas en la prensa internacional y ha sido noticia destacada en los informativos de radio y televisión de todo el mundo.
Pero notoriedad y reputación no son lo mismo. La notoriedad aporta visibilidad; la reputación se construye a medio y largo plazo. Para lograrlo, debe existir coherencia entre lo que se dice, lo que se hace y los resultados que se obtienen.
Desde que asumió la dirección de la Roja, Luis de la Fuente ha defendido siempre, con una humildad a prueba de éxitos, los valores que hacen singular a esta selección: diversidad generacional, preparación, disciplina, juego de equipo por encima de las grandes estrellas y capacidad para competir bajo presión. De algún modo, son también los valores con los que España aspira a ser reconocida en la empresa, la innovación, la ciencia, la cultura y las relaciones internacionales.
Según el Real Instituto Elcano, España ya ocupa la decimotercera posición mundial en presencia global. Además, fue el único país de la Unión Europea situado entre los veinte primeros que recientemente aumentó su puntuación, impulsado, entre otros factores, por el turismo, el deporte y la información.
Las instituciones y las empresas también nos estamos sumando a la conversación pública generada por el éxito de la selección. Sin embargo, quienes trabajamos en Comunicación tenemos la responsabilidad de alertar sobre el oportunismo en el que podemos caer cuando nos subimos de forma indiscriminada al carro de la victoria.
Trasladar la atención deportiva hacia otros ámbitos de excelencia, construir un relato compartido pero que, a su vez, refleje la diversidad de España y escuchar cómo cambia la percepción del país entre sus distintos públicos son algunas pistas que pueden ayudarnos a mejorar el trabajo de las áreas de Comunicación en esta resaca del mundial.
Los grandes éxitos abren, sin duda, enormes ventanas de exposición. Pero el verdadero reto comienza cuando termina la celebración: convertir la notoriedad en reputación y aprovechar esa visibilidad con honestidad y coherencia.










