La AIE destaca que España crece tres veces más que las grandes economías europeas

La Agencia Internacional de la Energía subraya el comportamiento diferencial de la economía española frente al resto de grandes países europeos

Energía | 13/08/2026

La economía española continúa destacando entre las principales potencias europeas por el ritmo de crecimiento de su actividad.

La Agencia Internacional de la Energía ha puesto ahora el foco en esta evolución en su último informe mensual, en el que analiza la resistencia de las economías europeas ante las consecuencias de la guerra con Irán.

Todas las grandes economías europeas crecieron durante el segundo trimestre, con avances intertrimestrales del 0,2% tanto en Francia como en Alemania.

Sin embargo, la evolución española volvió a situarse claramente por encima.

«Como viene ocurriendo de forma recurrente durante los últimos años, el crecimiento del PIB de España fue aproximadamente tres veces superior al de las otras grandes economías, con un avance del 0,7% intertrimestral y del 2,7% interanual».

La demanda de petróleo refleja la fortaleza de la actividad

La AIE señala que esta diferencia también se aprecia en el consumo energético.

«Esta fortaleza también se refleja en la evolución de la demanda de petróleo. España fue la única gran economía europea en la que las entregas de petróleo registradas en mayo aumentaron respecto al año anterior, con un incremento de 5.000 barriles diarios (kb/d). Esta evolución también permitirá que España cierre 2026 con un crecimiento medio positivo de la demanda de petróleo, en contraste con los descensos de alrededor de 40.000 barriles diarios en cada uno de los casos de Alemania, Francia, Italia, Países Bajos y Reino Unido», sostiene el informe.

España consume alrededor de 1,33 millones de barriles de petróleo diarios, según la Agencia Internacional de la Energía.

El país se convierte así en la única gran economía europea donde las entregas de petróleo están aumentando.

El incremento de la demanda de crudo suele estar relacionado con una mayor actividad económica y una expansión de la demanda interna. Mientras los elevados precios están reduciendo el consumo en otras economías europeas, en España la demanda continúa creciendo.

Más población y empleo elevan el consumo energético

Entre los factores que pueden explicar esta evolución se encuentran el crecimiento de la población derivado de la inmigración y la creación de empleo.

España ha superado recientemente los 22,2 millones de ocupados, alcanzando un nuevo máximo.

Al mismo tiempo, la tasa de paro ha pasado de niveles cercanos al 27% durante los peores momentos de la crisis de deuda de 2011-2013 a situarse alrededor del 9,8%, una tasa que no se observaba desde el ciclo expansivo comprendido entre 1999 y 2007.

Un mayor número de habitantes y trabajadores implica también un aumento de los desplazamientos y de determinadas formas de consumo vinculadas al ocio y los viajes, con el consiguiente impacto sobre la utilización de combustibles.

La evolución no implica necesariamente que cada hogar o individuo consuma más petróleo, sino que el conjunto de la economía cuenta con una población y una ocupación mayores.

El crecimiento también presiona el saldo exterior

El aumento de la actividad y de la demanda energética tiene, sin embargo, consecuencias sobre la balanza de pagos.

España no produce petróleo, por lo que un crecimiento económico elevado puede incrementar las importaciones energéticas y deteriorar el saldo exterior cuando no viene acompañado de mejoras suficientes de productividad y competitividad.

En los cuatro primeros meses del año, la balanza de pagos por cuenta corriente registró un superávit de 110.800 millones de euros, 1.545 millones menos que durante el mismo periodo del ejercicio anterior.

El comportamiento de la economía española presenta así diferencias entre los grandes indicadores agregados y la evolución de otras variables.

Aunque el PIB y el empleo mantienen una trayectoria positiva, la renta per cápita y la renta disponible real de los hogares permanecen relativamente estancadas, lo que limita el traslado del crecimiento agregado a la situación económica individual.