Juan Carlos Higueras

Doctor en Economía y Vicedecano de EAE Business School

Las previsiones económicas en las principales potencias económicas se han convertido en un ejercicio de cartomancia que exige una prudencia calculada y por ello, la mayoría de los expertos muestran horquillas amplias, escenarios alternativos y la certeza de que nadie recordará el número dentro de seis meses. Es un ejercicio que se repite varias veces a lo largo de cada año donde los datos de todos los expertos tienden a converger conforme nos acercamos al último trimestre.

Para seguir con la tradición, aunque nadie tiene la bola de cristal, dado el crecimiento ya acumulado en el segundo trimestre, la inercia de nuestra economía, la afiliación en máximos históricos y el último tramo de los fondos europeos a punto de ejecutarse, hay información suficiente para pronunciarse sobre lo que podría ocurrir en el último trimestre del año.

El crecimiento sorprenderá al alza, otra vez

Se espera que el PIB cierre el año en el entorno del 2,5%, por encima de la mediana de las proyecciones oficiales y sobre la base de un sencillo cálculo aritmético pues con el 2,2% ya acumulado, basta con dos trimestres del 0,5% para superar el 2,4%, y no hay ningún indicador adelantado que apunte a un frenazo de esa magnitud.

Por tanto, siendo época turística y con el aumento esperado de visitantes, se podría tener un aumento del PIB en el tercer trimestre del 0,6% y un cuarto algo más débil, del 0,4% al 0,5%, cuando empiece a notarse más la retirada de los apoyos fiscales a la energía y la moderación que ya se percibe de la demanda interna.

Consumo: el freno llegará por los precios, no por el empleo

El consumo privado podría situarse cerca del 3% en el conjunto del año, pero el punto de inflexión se producirá justo en este cuatrimestre, no por la renta de las familias, que seguirá mejorando dado que la remuneración por asalariado avanza en torno al 3,4%, por debajo de la inflación que ha repuntado hasta el 3,6% y una creación de empleo que se mantiene, sino por la factura energética, aunque a partir de octubre, es posible que no desaparezcan los escudos fiscales dado el aumento del nivel de precios en julio, lo que permitiría estabilizar dicha inflación en los niveles actuales.

Por tanto, la previsión es que la inflación se mantenga en el cuarto trimestre hasta el entorno del 3,6%, y que el año cierre con una media más próxima al 3,5% que al 3% que manejan los escenarios más benignos. De hecho, el propio Banco de España ya revisó su promedio anual situándola también en el 3,6% y es de esperar que el consumo aguante ese golpe, pero lo hará descontando ahorro que está entorno al 11,5% de la renta disponible, un punto menos del 12,3% del año 2025 pero muy por encima del promedio histórico del 8,5%, por lo que hay colchón suficiente.

En el gasto, seguirá repitiéndose el patrón actual, pues los datos indican que el gran consumo creció un 5% en valor y un 2,5% en volumen en el segundo trimestre, en especial impulsado por el incremento de la frecuencia de compra, algo que seguirá ocurriendo, es decir, un crecimiento en valor claramente superior al de volumen, más visitas al punto de venta y cestas más pequeñas. En este sentido, campañas como el Black Friday o la campaña de Navidad serán positiva en facturación y decepcionantes en unidades y quienes vendan productos duraderos de elevado precio notará más el frenazo que quien venda alimentación.

Así pues, el consumidor español ha vuelto a la compra diaria de subsistencia estratégica, esa que consiste en ir al supermercado a por lo que hace falta hoy porque comprar para toda la semana obliga a mirar el total del ticket. Se puede decir que habrá un crecimiento del consumo, pero con las familias haciendo gestión de tesorería en el pasillo de las conservas.

Inversión: un cuarto trimestre excepcional y un enero difícil

La formación bruta de capital fijo crecerá este año entorno al 4,5%, y buena parte de ese avance estará respaldado por la propia demanda interna y por la aplicación del último ejercicio de ejecución de los fondos europeos junto a todo lo pendiente realizado que debe certificarse. En esta línea, en términos de inversión pública, se espera un cuarto trimestre con licitación pública anormalmente elevada, plazos comprimidos y tensión de precios en construcción e ingeniería.

En cuanto a la inversión empresarial privada la expectativa es más moderada pero positiva ya que las sociedades no financieras llegan con balances saneados y el coste de financiación se ha estabilizado.

Igualmente, no es de esperar un despegue del CAPEX industrial mientras persista la incertidumbre energética, pero sí una continuidad en activos intangibles, que es donde España lleva varios años mejorando de forma discreta y sostenida.

Empleo: cerraremos el desempleo por debajo del 10%

España mantiene un robusto ritmo de creación de empleo con cierta senda de moderación y terminará 2026 con unos 22,7 millones de afiliados a la Seguridad Social y con la tasa de paro del 9,9% similar a la del segundo trimestre que ha roto la barrera del 10% por primera vez desde 2008.

El descenso del paro será cada vez más lento, porque la población activa crece casi tan rápido como el empleo lo que nos lleva a concluir que nuestro mercado de trabajo se está expandiendo por incorporación de trabajadores, no por mejora de la productividad y esto es un factor preocupante a medio plazo.