¿Saben ese chiste que dice “Un hombre es atropellado en Nueva York cada 7 minutos……pues pobre hombre”. Y podemos aplicarlo a lo que queramos: a los atracos, a los accidentes laborales…¿al absentismo quizás?. Y hablando de absentismo, aquí tenemos una cifra que nos martillea la cabeza: 1,7 millones de trabajadores no van a su trabajo cada día.
La cifra en sí misma es ya es escandalosa, porque representa prácticamente un 8% de la masa salarial en activo, pero analíticamente no es más que una cifra y una vez dada empieza el debate de turno sobre el absentismo donde, como de costumbre, hablamos de “buenos y malos”. Y aquí ya es cuando la cosa se enreda porque, como dice el “dicho”, los árboles no nos dejan ver el bosque.
Estamos pensando en esos casi 2 millones de trabajadores que no van a trabajar diariamente y nos negamos a analizar el fondo del asunto. Dicen que el cómo y el cuándo son preguntas para el gran público que evitan (o no pueden) responder a la pregunta realmente importante ¿por qué? y en este caso podríamos extender la pregunta a ¿quién? Es una evidencia que esos 2 millones de trabajadores no son siempre los mismos. Hablamos de “personas” (ni siquiera hablamos de jornadas) que no van a trabajar. Los de hoy no tienen que ser necesariamente los mismos de mañana. Entonces ¿quiénes y por qué componen esa masa de 2 millones de personas?
Estamos en una sociedad que se niega a mirar a la gente a la cara, ponerle nombre y para ello se inventa grupos donde insertar a un número gigante de personas sin entrar en el detalle del comportamiento de los individuos que componen dicho grupo. En este punto es donde podría estar la respuesta a la gran pregunta ya que si logras responder a la cuestión de “quién genera el absentismo” igual podrías tener una respuesta bastante más acertada de “por qué se produce el absentismo”.
Los que trabajamos en análisis de datos sabemos que un dato por sí solo no sirve de mucho. Hay que combinarlo con otros datos de igual o diferente naturaleza para poder llegar a alguna conclusión medianamente acertada. Y en este punto es donde llegamos a la conclusión de que la fuente de datos que podría darnos la respuesta no está disponible con el detalle que nos gustaría que estuviera. Un dato que no sabemos es cuántos trabajadores únicos han pasado por una situación de absentismo a lo largo de un año. No sabemos nada del individuo. Sabemos cómo se comporta el grupo en el que han metido al individuo, pero no sabemos nada del individuo y sin esa información es imposible comprender la verdadera dimensión del problema.
El dato oficial es que, en España, la mayoría de las bajas laborales responden a enfermedades o situaciones perfectamente legítimas. Poner en cuestión eso sería poner en duda todo el sistema pero ¿y si el problema está en el propio sistema?. Hemos creado una especie de “debate intocable” que no puede abordarse porque decir lo contrario es una herejía; porque no hay datos que respalden, ni tan siquiera, que puedan dar alguna evidencia de por qué se producen las bajas laborales realmente.
Por ello, el análisis de los individuos que las toman se hace indispensable. Su comportamiento, recurrencia, coincidencia, etc…es esencial para entender este fenómeno.
Si estuviéramos hablando de un absentismo razonable no sería necesario profundizar pero las cifras son tan escandalosamente altas que meter la cabeza en la tierra, cual avestruz asustado, no nos aporta absolutamente nada de luz al problema
Mi impresión, después de más de tres décadas dirigiendo mi barco, con base en España y con sedes en EEUU y Latam, basada en años de gestión empresarial —y subrayo que se trata de una percepción, no de una conclusión estadística—, es que el universo de trabajadores que recurren ocasionalmente a una baja podría ser bastante superior al porcentaje medio diario que suele citarse. Si un mismo trabajador acumula varias bajas breves a lo largo del año, el impacto sobre la organización es muy distinto al de una baja prolongada, aunque ambos casos puedan quedar diluidos dentro de la misma estadística agregada.
Por eso echo en falta indicadores mucho más precisos ya que solo así podríamos distinguir entre un problema sanitario, un problema organizativo o un posible abuso del sistema.
Y precisamente por mi desempeño en Syntax, acostumbrados a trabajar con millones de datos, creo firmemente en el poder de los mismos para tomar las mejores decisiones. Estarán conmigo que resulte tremendamente paradójico que en una economía que habla constantemente de inteligencia artificial, analítica avanzada y gestión basada en datos, uno de los grandes debates del mercado laboral siga apoyándose -precisamente- en indicadores incompletos.
El absentismo tiene un enorme coste para las empresas, para los trabajadores que asumen cargas adicionales y para la sostenibilidad del sistema de protección social. Precisamente por eso merece un análisis mucho más riguroso.
Necesitamos proteger a quien realmente lo necesita y, al mismo tiempo, identificar y corregir los posibles abusos. Ambos objetivos son compatibles. Pero para conseguirlos hace falta abandonar los titulares simplistas y empezar a exigir transparencia estadística. Porque solo cuando tenemos una fotografía completa de toda la realidad podemos diseñar soluciones justas, eficaces y sostenibles.










