Miguel Ángel Hernández, Strategic Partnership Director de HBX Group

HBX Group, compañía tecnológica B2B especializada en el sector de los viajes, analiza el impacto que los grandes eventos están teniendo sobre la demanda turística. Con la llegada de la Fórmula 1 a Madrid como telón de fondo, la compañía aborda el perfil del nuevo viajero, el efecto sobre hoteles y otros negocios y el creciente peso del turismo de experiencias.

Madrid espera que la Fórmula 1 genere un impacto económico de unos 450 millones de euros al año. Desde los datos que maneja HBX Group, ¿qué efecto real está teniendo el Gran Premio sobre la demanda turística de la ciudad?

Lo que resulta especialmente relevante desde el punto de vista turístico es la capacidad de un acontecimiento como la Fórmula 1 para concentrar una demanda extraordinaria en unas fechas muy concretas. El Gran Premio introduce una nueva motivación para viajar a Madrid y atrae a visitantes cuyo desplazamiento está directamente vinculado al evento.

Más allá del volumen puntual de viajeros, estos acontecimientos pueden modificar los patrones habituales de demanda: cuándo se reserva, desde qué mercados, durante cuánto tiempo y qué tipo de alojamiento se busca. Su verdadero impacto turístico, por tanto, no debería medirse únicamente por la ocupación durante el fin de semana de la carrera, sino por su capacidad para generar actividad en el conjunto del destino y extenderla antes y después del evento.

 

¿Qué perfil de viajero está atrayendo la Fórmula 1 a Madrid? ¿De qué mercados procede, cuánto tiempo se queda y cómo se compara su nivel de gasto con el de un turista vacacional tradicional?

Más que un único perfil, lo que caracteriza a este viajero es una motivación muy concreta: la experiencia es el punto de partida del viaje. El aficionado decide desplazarse a Madrid para asistir al Gran Premio y construye alrededor de él el alojamiento, el transporte y el resto de actividades.

La dimensión internacional de la Fórmula 1 permite además atraer viajeros de distintos mercados. La duración de la estancia dependerá en buena medida de la procedencia: cuanto mayor es el desplazamiento, mayor puede ser también el incentivo para aprovechar el viaje y añadir días antes o después del evento. En términos de gasto, más que establecer una comparación general con el turista vacacional, lo relevante es que su consumo no termina en la entrada al circuito: se distribuye entre alojamiento, restauración, transporte, ocio, comercio y otras experiencias en destino.

 

Los grandes eventos disparan la ocupación y los precios hoteleros durante unos pocos días. ¿Hasta qué punto ese incremento se traduce en mayor rentabilidad para el sector y hasta qué punto puede desplazar otra demanda turística?

Una concentración excepcional de demanda genera una oportunidad evidente para mejorar la ocupación y los ingresos, pero el análisis debe ir más allá de esos días concretos. Para un hotel, el objetivo no debería ser únicamente maximizar el resultado durante el evento, sino gestionar adecuadamente la demanda antes, durante y después.

También puede producirse cierto desplazamiento de otros viajeros, especialmente de aquellos con mayor flexibilidad para cambiar sus fechas ante una menor disponibilidad o unos precios más elevados. Por eso es fundamental anticipar la evolución de la demanda y gestionar correctamente el inventario. El éxito no consiste solo en llenar los hoteles durante un fin de semana, sino en maximizar el valor que esa demanda extraordinaria puede generar para el destino.

 

Cada vez más viajeros parecen elegir primero la experiencia y después el destino. ¿Estamos pasando de competir entre ciudades a competir entre acontecimientos capaces de movilizar viajeros internacionales?

En cierta medida, ambas dinámicas empiezan a convivir. Los destinos continúan compitiendo por su conectividad, su oferta hotelera, su gastronomía, su cultura o su capacidad de atraer visitantes, pero los grandes acontecimientos se están convirtiendo en un elemento adicional de esa competencia.

Una carrera de Fórmula 1, un gran concierto o una competición internacional pueden colocar una ciudad en el radar de un viajero que quizá no se había planteado visitarla en ese momento. Por eso, el calendario de eventos empieza a formar parte de la propuesta turística de los destinos. La oportunidad está en conseguir que la experiencia sea el detonante del viaje, pero que sea el conjunto de la ciudad lo que haga que el visitante prolongue su estancia o quiera regresar.

 

¿Quién se beneficia realmente del gasto que genera un gran evento como la Fórmula 1? ¿Se concentra principalmente en hoteles y restauración o consigue extenderse al comercio, el ocio y otros negocios de la ciudad?

El alojamiento es uno de los beneficiarios más visibles porque recibe directamente el incremento de viajeros, pero el impacto potencial es mucho más transversal. Quien se desplaza para asistir a un Gran Premio necesita moverse, comer y alojarse y, además, puede incorporar compras, actividades culturales, ocio u otras experiencias durante su estancia.

Ahí está precisamente una de las principales oportunidades para la ciudad: conseguir que el gasto no quede concentrado únicamente alrededor del evento. Cuanto mayor sea la capacidad del destino para conectar al visitante con su oferta gastronómica, comercial, cultural y de ocio, mayor será el número de empresas que puedan beneficiarse de esa demanda adicional.

 

¿Estamos ante una moda vinculada al auge de los grandes eventos o el turismo de experiencias va a cambiar de forma permanente la manera en que elegimos nuestros viajes?

No parece una cuestión de sustituir el turismo tradicional, sino de incorporar una motivación de viaje que está adquiriendo cada vez más relevancia. El destino seguirá siendo decisivo, pero en determinados viajes la decisión empieza antes, con una experiencia que queremos vivir y para la que estamos dispuestos a desplazarnos.

Esto tiene implicaciones importantes para el sector. Si una competición, un concierto o un festival pueden determinar dónde y cuándo viajamos, los destinos tienen una oportunidad para utilizar su calendario de acontecimientos como herramienta de atracción turística. En ese sentido, el turismo de experiencias no debe entenderse únicamente como una tendencia vinculada a unos pocos grandes eventos, sino como parte de una evolución más amplia en la manera en que las personas encuentran motivos para viajar.