José Moro, presidente de Bodegas Cepa 21
Situada en el pueblo de Castrillo de Duero, en Valladolid, Cepa 21 tiene como objetivo elaborar vinos de altísima calidad y cuidar al detalle todos los elementos que intervienen en la vinificación: desde la selección del terruño y la uva hasta un control pormenorizado de los procesos en viñedo y en bodega. Suelos propios de Ribera del Duero, altitudes y pendientes y una filosofía de trabajo que no utiliza ningún tipo de producto residual en la plantación dan como resultado vinos con toda la tipicidad de Ribera, eso sí, pasada por el crisol de la revolución vitivinícola de los últimos años. José Moro está al frente de una de las bodegas más reconocidas a nivel nacional. Quedamos con él en el restaurante japonés Makoto para hablar sobre el futuro de la compañía que capitanea.
Fotos: Nano Cañas. Agradecimientos: Makoto
Cepa 21 se ha consolidado como uno de los proyectos más innovadores de la Ribera del Duero. ¿Cuál ha sido la clave para transformar una bodega en un modelo empresarial de éxito dentro de un sector tan competitivo?
Cepa 21 nace de una corazonada muy personal, pero también de toda una vida de aprendizaje. La clave ha sido precisamente esa combinación: respeto absoluto por nuestras raíces, un legado único que recibí y he aplicado, y una visión empresarial innovadora y diferencial con la que he sido capaz de anticiparme a lo que el sector necesita. Siempre he creído que el vino no es solo un producto, es una forma de comunicación, es un gran catalizador de relaciones humanas, y entender eso te obliga a ir un paso más allá. Además, hay algo fundamental: saber escuchar. Escuchar a la tierra, sus necesidades y sus tiempos, pero también al mercado, analizando los gustos del consumidor. Esa escucha activa es la que nos ha permitido evolucionar sin perder nuestra esencia y convertir un proyecto emocional en un modelo empresarial sólido y competitivo.
En los últimos años ha impulsado una reinterpretación del estilo de los vinos, apostando por perfiles más elegantes, sutiles y accesibles. ¿Hasta qué punto responde esta evolución a una estrategia de mercado y a los cambios en el consumidor?
Responde a ambas cosas siempre con los pies en el suelo, sin perder de vista nuestra filosofía, pero aplicando nuevas formas de trabajar y entender este producto tan bonito y único como es el vino. El consumidor ha cambiado, busca vinos que emocionen desde la primera copa, más accesibles, más frescos, más elegantes. Y nosotros tenemos la responsabilidad de entender ese cambio. Ahora bien, esto no significa renunciar a la identidad de la Ribera del Duero, sino reinterpretarla. En Cepa 21 abanderamos una nueva era que consideramos necesaria y muy coherente con el tipo de consumo que existe actualmente. Trabajamos para conseguir vinos con estructura y complejidad, pero que brillen por su equilibrio, por su sutileza y por su capacidad de disfrute inmediato. Que no necesiten años y años de botella para degustarlos en su máximo esplendor. Es una evolución natural, fruto de escuchar y de entender hacia dónde va el mundo del vino.

Cepa 21 combina tradición vitivinícola con tecnología avanzada, incluyendo proyectos de digitalización e inteligencia artificial. ¿Cómo impacta esta integración en la eficiencia del negocio y en la calidad final del producto?
Para mí, la tecnología solo tiene sentido si está al servicio del conocimiento. Siempre digo que la intuición soportada por datos es la fórmula del crecimiento. La incorporación de herramientas tecnológicas, como los sistemas automatizados en bodega o los procesos de análisis de datos nos permiten ser mucho más precisos. Controlamos mejor cada fase de la elaboración, conseguimos elaboraciones más ajustadas a nuestras necesidades y, en consecuencia, vinos más equilibrados y definidos. Pero lo importante es que la tecnología no sustituye al viticultor ni al enólogo, los potencia. Sin nuestra formación, experiencia e intuición el vino nunca tendría alma, y el alma de un vino es lo más importante que podemos descorchar. El cliente siempre valora que el vino cuente una historia, hable de su tierra, de lo que hay detrás. No hay una receta maestra, y eso es lo mejor que tiene el este sector, que la pasión es un ingrediente fundamental, y tiene que ser la piedra angular que mueva al resto de elementos que intervienen en la elaboración de vino.
“La clave ha sido precisamente esa combinación: respeto absoluto por nuestras raíces, un legado único que recibí y he aplicado, y una visión empresarial innovadora y diferencial con la que he sido capaz de anticiparme a lo que el sector necesita”
La compañía ha llevado sus vinos a mercados internacionales cada vez más exigentes. ¿Qué papel juega la internacionalización en su estrategia de crecimiento y qué oportunidades detecta fuera de España?
Desde el principio entendí que nuestros vinos debían ser grandes embajadores de nuestra tierra en el mundo. Tengo grabado aún en mi memoria mi primer viaje a Estados Unidos, llevaba una botella bajo el brazo, dos expresiones en inglés en la cabeza y muchas puertas por abrir. Ahora miro atrás y veo con orgullo cómo creí en mí mismo, en mi producto y, tras muchos éxitos pero también tropiezos, puedo decir que hemos hecho marca en muchos rincones del mundo. Porque los mercados internacionales son exigentes, pero también valoran mucho la autenticidad. Y ahí tenemos una gran oportunidad: ofrecer vinos con identidad, con origen, pero con un lenguaje contemporáneo. Tenemos que llevar con la cabeza bien alta la bandera de la Ribera del Duero y la marca España allá donde vayamos, porque tenemos una enorme calidad y muchas cosas que decir, solo tenemos que creérnoslo.
En un contexto económico marcado por la presión de costes y la evolución del consumo, ¿cómo se gestiona la rentabilidad en una bodega que apuesta por la excelencia y la innovación constante?
La rentabilidad no puede estar reñida con la excelencia, pero exige una gestión muy rigurosa. Innovar no es gastar más, es hacerlo mejor. Se trata de optimizar procesos, de ser más eficientes, de tomar decisiones basadas en datos, pero sin perder la visión a largo plazo. Nosotros invertimos en aquello que realmente aporta valor: nuestra tierra, el conocimiento y la diferenciación. Porque al final, cuando construyes una marca sólida y coherente, el mercado lo reconoce.

La viticultura regenerativa y el cuidado del suelo están ganando protagonismo en Cepa 21. ¿Cómo influyen estas prácticas en la sostenibilidad del proyecto y en la diferenciación de sus vinos?
Siempre he considerado que el suelo es el origen de todo. Es por ello que en Cepa 21 hemos apostado por aplicar prácticas de viticultura regenerativa porque creemos que el futuro del vino pasa por recuperar ese equilibrio natural. Se trata de una filosofía de cultivo que busca la sostenibilidad del viñedo a lo largo del tiempo reestableciendo el equilibrio natural del suelo, favoreciendo la resiliencia del viñedo frente a enfermedades y frente a los efectos del estrés climático. Trabajamos con microorganismos autóctonos, con materia orgánica del propio viñedo, eliminamos productos que alteran el ecosistema. Estas prácticas fortalecen la relación entre la planta y su entorno, y aseguran una producción de uva de alta calidad con una intervención química mínima. Esto se traduce en vinos más auténticos, elaborados desde el respeto por la tierra y desde una perspectiva de innovación y sostenibilidad.
Referencias como Malabrigo o Horcajo se han convertido en iconos dentro de su portfolio. ¿Qué representan estos vinos dentro de la estrategia de marca y qué papel juegan en la construcción de valor?
Son la máxima expresión de lo que somos. Malabrigo u Horcajo no son solo vinos, son un fiel reflejo de nuestra filosofía y de nuestro entorno, interpretaciones muy precisas de parcelas muy especiales para nosotros. Dentro de la estrategia de marca juegan un papel fundamental porque construyen prestigio, posicionamiento y credibilidad. Son vinos que hablan de origen, de detalle, de excelencia. Pero completan un porfolio maravilloso que, en muy pocas semanas, por cierto, se ampliará. Una gama de vinos que muestran en cada copa verdad y una historia de pasión sin adornos, con la potencia de nuestra uva reina, la Tempranillo, las raíces de nuestro viñedo y nuestra filosofía de elaboración. Todo ello en una botella que llega al corazón del consumidor y le acompaña en sus mejores momentos. De eso se trata al final, de que el vino no solo se beba sino que también se viva.
“El enoturismo es una herramienta clave para conectar con el consumidor. Cuando alguien visita la bodega, recorre el viñedo y entiende lo que hay detrás de cada botella, la relación cambia por completo”
Más allá del vino, Cepa 21 ha desarrollado una oferta enoturística cada vez más relevante. ¿Hasta qué punto este negocio complementario contribuye a diversificar ingresos y fortalecer la relación con el consumidor?
El enoturismo es una herramienta clave para conectar con el consumidor. Cuando alguien visita la bodega, recorre el viñedo y entiende lo que hay detrás de cada botella, la relación cambia por completo. Para nosotros es una forma de abrir nuestras puertas, de compartir nuestra filosofía y de generar experiencias memorables. Y eso tiene un impacto directo en la fidelización del cliente.
Procede de una saga familiar ligada al vino, pero ha sabido imprimir una visión empresarial propia. ¿Cómo se equilibra el peso del legado con la necesidad de innovar y anticiparse al futuro del sector?
El legado es una auténtica ventaja competitiva y, por supuesto, una suerte. He recibido un legado muy valioso mi padre y de mi abuelo, todo lo que me enseñaron y lo que viví a su lado ha conformado mi manera de ver este mundo, pero también entendí que honrar ese legado no significa repetirlo, sino evolucionarlo. Mi ADN está conformado por todos esos aprendizajes que no se enseñan en las escuelas, pero también por mi capacidad de mirar al mundo desde otra perspectiva, de buscar la diferenciación. Encendí desde muy joven que el equilibrio está en respetar el origen, pero no tener miedo a ir más allá, a innovar con sentido, con coherencia, sin perder el alma. Porque al final, el verdadero reto es ese: construir futuro sin olvidar de dónde vienes y todo lo que te ha traído hasta aquí.










