Buques de hasta 300 metros de eslora continúan transportando petróleo en Ormúz

Buques de hasta 300 metros de eslora continúan transportando petróleo y gas a través del estrecho de Ormuz en condiciones extraordinarias de seguridad: navegación nocturna, luces apagadas, comunicaciones restringidas y protección militar. El testimonio de un capitán recogido por Bloomberg muestra el riesgo que asumen las tripulaciones para mantener abiertos los flujos energéticos en uno de los corredores marítimos más importantes del mundo.

Actualidad | Energía | 07/10/2026

El capitán, de unos 40 años y cuya identidad no ha sido revelada por motivos de seguridad y confidencialidad comercial, relata cómo tuvo que reaccionar ante una explosión producida frente a su petrolero mientras atravesaba Ormuz.

El buque, con unos 300 metros de eslora, tuvo que modificar su trayectoria para rodear a otra embarcación en la que se había declarado un incendio. Posteriormente, el capitán informó del incidente a la Armada de Estados Unidos.

La escena refleja las condiciones en las que algunos petroleros están realizando actualmente sus trayectos por el estrecho.

Según el relato recogido por Bloomberg, los viajes se efectúan frecuentemente durante la noche y bajo estrictas restricciones sobre los equipos que pueden utilizarse. Los barcos navegan sin luces, con los teléfonos desconectados y utilizando únicamente uno de sus radares.

En algunos puntos llegan a desplazarse a alrededor de una milla de la costa de Omán y las tripulaciones recurren a referencias visuales como la costa y los faros para orientarse.

«Simplemente tengo suerte porque aún recuerdo la navegación tradicional, a la vieja usanza», afirma entrevistado por Bloomberg desde Filipinas, su país natal, donde se encuentra ahora de vacaciones tras una estancia de tres meses en la que se dedicó principalmente a hacer el trayecto de ida y vuelta por el estrecho de Ormuz. «No se requerían luces de navegación. Es todo un reto».

Primas extraordinarias para asumir el riesgo

Las condiciones de navegación están teniendo también consecuencias sobre las remuneraciones de las tripulaciones.

El capitán explica que su último contrato fue un mes más corto de lo habitual porque sabía que la misión «no es fácil», aunque recibió varias veces su salario habitual por realizar las travesías.

Bloomberg había informado anteriormente de que al menos un armador llegó a ofrecer una prima equivalente a seis meses adicionales de salario a los tripulantes dispuestos a realizar viajes de ida y vuelta por Ormuz.

El incentivo económico es especialmente relevante para tripulaciones formadas en gran medida por trabajadores procedentes de países como Filipinas e India.

El peligro, sin embargo, continúa siendo elevado. Ejecutivos del sector naviero citados por Bloomberg estiman que la probabilidad de que un barco sea alcanzado durante una travesía por el estrecho se sitúa aproximadamente en una entre veinte, incluso teniendo en cuenta la protección estadounidense.

Coordinación militar para atravesar el estrecho

La recuperación de los flujos energéticos se está apoyando también en una operación logística y militar para facilitar el paso de los buques.

Según el relato publicado por Bloomberg, Estados Unidos lleva desde principios del verano coordinándose con las navieras para establecer rutas destinadas a reducir los riesgos durante las travesías.

El Mando Central de Estados Unidos (Centcom) asegura que sus fuerzas «han ayudado a miles de buques a atravesar el estrecho de Ormuz en los últimos meses proporcionando protección coordinada».

En la práctica, los capitanes reciben rutas y puntos de paso concretos y mantienen comunicaciones periódicas con las fuerzas estadounidenses para informar sobre el avance de los barcos y posibles amenazas.

El capitán relata que durante uno de sus viajes transportaba dos millones de barriles de petróleo cuando contempló la explosión en la embarcación que navegaba por delante.

En otra travesía, su propio petrolero fue alcanzado por un proyectil, aunque no se produjeron daños ni heridos.

«Puede ocurrir en cualquier momento», resume.

Los metaneros apagan también su localización

Los buques de gas natural licuado están adoptando igualmente medidas extraordinarias.

Otro capitán entrevistado por Bloomberg explica que antes de entrar en Ormuz la tripulación desconecta el AIS, el sistema que transmite la posición e identificación del barco, para reducir su visibilidad mientras navega cerca de la costa de Omán.

La preparación incluye además la colocación de barricadas con sacos de arena en zonas sensibles del barco para limitar los efectos de un posible impacto.

Al menos ocho buques de GNL habían conseguido atravesar el estrecho durante las dos semanas anteriores, según la información.

Sacos de arena, agua y equipos contraincendios preparados

En los petroleros se siguen procedimientos similares.

Antes de entrar en el corredor, las tripulaciones colocan sacos de arena y bidones de agua cerca del puente para amortiguar los efectos de una posible explosión.

La bomba contraincendios de emergencia permanece activa durante todo el trayecto y las mangueras se mantienen desplegadas cerca de las zonas en las que se aloja la tripulación.

«Los petroleros están en riesgo todo el tiempo. Es un buque muy peligroso», reconoce el capitán.

La Organización Marítima Internacional contabilizaba 24 marineros fallecidos en ataques en la región hasta finales de septiembre.

Más petróleo pese al riesgo

La continuidad de estas travesías ayuda a explicar la recuperación de los flujos de crudo procedentes de Oriente Medio pese a que las condiciones de navegación continúan siendo excepcionales.

JP Morgan estima que estos flujos se sitúan ya alrededor de los 17,5 millones de barriles diarios, según la información, mientras que otros indicadores muestran igualmente una recuperación significativa de las exportaciones.

El aumento del tráfico no implica, sin embargo, un regreso a las condiciones anteriores al conflicto.

Navieras, tripulaciones y fuerzas militares han desarrollado procedimientos específicos para mantener en movimiento una parte importante del suministro energético pese a las amenazas existentes en el estrecho.

En última instancia, la decisión de realizar cada travesía corresponde al capitán del buque.

El protagonista del relato reconoce que su familia «está bastante asustada» y que sus hijos esperaban su regreso a Filipinas después de finalizar el último contrato.

Él asegura estar dispuesto a volver al mar.

«Estoy muy orgulloso. En realidad, disfruto de mi trabajo».