Mireia Roca y Cristina Martínez, Cofundadoras y co-CEOS de DOMMA
DOMMA nace en 2021 para dar respuesta a un vacío en torno a la menopausia. Cinco años después, ¿qué ha cambiado en España y qué queda pendiente?
Mireia Roca: Cuando creamos DOMMA en 2021, la menopausia era una etapa poco hablada y poco acompañada: muchas mujeres se sentían solas y el enfoque era o banalizarla o medicalizarla sin una mirada integral. Hoy, la conversación es más pública: hay más divulgación, asociaciones y espacios especializados.
Pero también ha llegado mucho “ruido” comercial, con soluciones poco rigurosas. Lo pendiente es lo más importante: más investigación, más formación sanitaria y un abordaje más integral y personalizado, basado en evidencia y en la realidad de la mujer.
Han construido una comunidad de más de 350.000 mujeres. ¿Qué les hizo ver que este movimiento era urgente?
Cristina Martínez: Nos contaron, sobre todo, soledad y falta de respuestas. Muchas no podían ni verbalizarlo en su entorno, y vivían síntomas visibles e invisibles (insomnio, ansiedad, niebla mental, irritabilidad, libido) como si “tocara aguantar”.
Ahí entendimos que la urgencia era médica, pero también emocional. Por eso, antes de construir marca, construimos comunidad: un espacio seguro de escucha que hoy nos permite entender patrones reales y desarrollar soluciones más útiles y coherentes.
¿En qué se basa su modelo de acompañamiento?
M.R.: Para nosotras la menopausia ha sido tabú y también vacío: poco conocimiento, poca investigación y poco acompañamiento. Tratarla como etapa natural no es restarle importancia: no es una enfermedad, pero sí una transición que impacta en la salud de la mujer y en su calidad de vida.
Nuestro modelo busca ese equilibrio: ni banalizar (“es normal, aguanta”) ni patologizar. Acompañamos con información rigurosa, comunidad y soluciones formuladas con evidencia para mejorar bienestar de forma realista.
Su experiencia personal influyó en el proyecto. ¿Cómo se cruzaron esas vivencias para dar forma a DOMMA?
C.M.: Yo empecé con síntomas de perimenopausia a los 40 y me di cuenta de que sabía muy poco; además, muchas respuestas eran “esto es normal”. Mireia, por su parte, veía con claridad la invisibilidad social de esta etapa. DOMMA no nació solo de una experiencia personal, sino de reconocer que detrás había una necesidad colectiva no atendida: información, acompañamiento y soluciones eficaces.
¿Cuál ha sido la clave para combinar crecimiento económico y propósito?
M.R.: La clave ha sido no separar propósito y negocio. Crecimos aportando valor antes de vender: mucha divulgación, contenido útil y un discurso riguroso para desmitificar la menopausia. Eso construye confianza, y en nuestra categoría la confianza es un activo de negocio. El crecimiento ha sido consecuencia de escuchar, entender necesidades reales y desarrollar soluciones con impacto.
¿Qué resistencias encuentran en el sector médico y qué papel juega la formación?
C.M.: Más que resistencias, vemos inercias del sistema: falta de tiempo, sobrecarga y una etapa históricamente poco prioritaria. También hay prudencia ante nuevas propuestas, y es lógico: obliga a ser rigurosos.
La formación es clave para actualizar el estándar: dar herramientas prácticas, mejorar detección de síntomas infravalorados y normalizar un abordaje más integral en consulta.
¿Por qué apuestan por soluciones sin hormonas? ¿Cómo garantizan rigor?
M.R.: No creemos en soluciones únicas, sino en ofrecer opciones rigurosas para necesidades distintas. Creemos que no todas las mujeres necesitan lo mismo y que es importante ampliar las alternativas disponibles para quienes buscan un abordaje complementario o no hormonal.
El rigor, en nuestro caso, pasa por seleccionar ingredientes con evidencia científica, formular con criterio, trabajar con los estándares de calidad necesarios y ser muy cuidadosas con lo que prometemos. En un mercado donde conviven enfoques muy dispares, para nosotras la clave está en la evidencia y la utilidad real para la mujer.
¿Qué papel juega el storytelling en devolver dignidad y visibilidad a esta etapa?
C.M.: Nuestra marca no puede ser solo producto: debe construir relato, lenguaje y representación. El storytelling ayuda a pasar del estigma a una mirada más digna, informada y real. DOMMA busca que la mujer se sienta entendida y en el centro, y proponemos una nueva forma de vivir esta transición con más bienestar e identidad compartida.
¿Cómo están cambiando las mujeres que viven la transición menopáusica y qué esperan de DOMMA?
M.R.: Creo que la mujer de hoy convive en dos realidades. Por un lado, sigue habiendo muchas mujeres que viven esta etapa con resignación, como si fuera algo que simplemente toca aguantar. En muchos casos minimizan síntomas que sí están afectando su calidad de vida, les restan importancia o piensan que ya pasarán solos.
Al mismo tiempo, está emergiendo una mujer mucho más informada, más consciente y menos dispuesta a conformarse. Una mujer que quiere entender lo que le está pasando, cuidarse mejor y vivir esta etapa con más bienestar. Además, hoy compara, investiga y exige más evidencia. Ya no le basta con que le digan ‘esto es normal’: quiere respuestas, criterio y soluciones que realmente le ayuden.
Buscan acompañamiento, soluciones reales y una marca que les hable con rigor, cercanía y sin paternalismo. Y, en muchos casos, no quieren que la única respuesta sea medicalizarse, sino poder elegir con más información y criterio cómo quieren vivir esta etapa.
¿Piensan en exportar el proyecto?
C.M.: Sí, la internacionalización es una vía natural, aunque aún no está cerrada. Si damos el paso, lo lógico es empezar por Europa por proximidad, y mercados como Alemania o los nórdicos podrían encajar por su cultura de prevención y autocuidado.
Las barreras son tres: cultural (cómo se vive y se habla), clínica (nivel de formación/abordaje) y regulatoria (claims, comunicación y adaptación por país). Más que exportar productos, queremos exportar un modelo de acompañamiento bien traducido.
¿Cómo se combate la invisibilidad de las mujeres a partir de los 40-50?
M.R.: Se combate poniendo a la mujer en el centro, porque es una de las etapas más largas de su vida y merece atención y respeto. Desde la empresa: diseñar soluciones pensando en sus necesidades reales. Desde la comunicación: cambiar el relato de “declive” por madurez, plenitud y valor. Desde la salud: más investigación, formación y un abordaje que no minimice. Y también hay un cambio interno: nosotras mismas tenemos que cambiar el prisma.
Como co-CEOs, ¿cómo se complementan?
C.M.: Creo que una de nuestras fortalezas es la sinergia que tenemos como cofundadoras. Compartimos una visión muy alineada sobre la marca, el producto, el crecimiento y el tipo de impacto que queremos generar, y eso nos permite tomar decisiones con mucha coherencia y entendernos muy bien en lo importante.
Al mismo tiempo, también nos complementamos mucho. Cada una aporta fortalezas distintas y, sobre todo, nos apoyamos en aquellos puntos donde la otra es menos fuerte. Esa complementariedad hace que la visión no se quede solo en ideas, sino que pueda traducirse mejor en ejecución. Creo que las dos compartimos una sensibilidad muy clara hacia la mujer y hacia la construcción de una marca con propósito.
¿Qué impacto les gustaría haber tenido en cinco años?
M.R.: Queremos consolidar el cambio: que más mujeres lleguen a esta etapa sin miedo, con información y tomando acción sobre lo que les preocupa. Aspiramos a ser la marca referente en salud de la mujer +40 en Europa, por capacidad de acompañar y transformar la experiencia, no solo por producto.
Y a nivel sanitario, contribuir a más investigación, formación y un abordaje más integral. Si en cinco años hay menos soledad, más criterio y un estándar clínico más actualizado, habremos logrado el impacto.










