Francisco Javier Rivas Compains

profesor de EAE Business School.

Cuando ocurre una tragedia como la de Venezuela, lo de menos verdaderamente es el impacto económico. La tragedia humana en muertos y heridos es incomparablemente más importante que cualquier consideración económica.

Hay que pensar que la situación de la economía venezolana era ya dramática antes del doble sismo, con unos 8 millones de personas en situación de precariedad tal que necesitaban ya ayudas sociales.

Este doble terremoto ha dañado muchas infraestructuras en el norte del país y las cercanías de la capital. La rapidez de la réplica en menos de un minuto afectó a los inmuebles e infraestructuras de manera crítica al poner a prueba su capacidad de resistencia cuando todavía no habían acabado de ajustarse frente al primer episodio. Esto ha provocado un enorme colapso de edificios, puentes, carreteras, siendo la Guaira la zona más dañada.

La previsión de pérdidas humanas no es nada halagüeña, el Servicio Geológico de Estados unidos afirma que hay un 42% de posibilidades de que los fallecidos estén entre 10.000 y 100.000, un 33% de que se sitúen entre 1.000 y 10.000 y un 17% de que haya más de 100.000 muertos. Todo un drama.

Una primera impresión es que la economía del país va a ralentizarse, las infraestructuras viarias van a verse afectadas y eso generará problemas en el centro y norte del país. La buena noticia es que tanto Repsol, como Chevron han anunciado que sus operaciones se han mantenido y sus instalaciones han aguantado.

La todopoderosa petrolera gubernamental PDVSA todavía no ha emitido comunicado, lo que puede indicar una cierta afectación a causa del desastre natural.

Los problemas de la industria petrolera vienen de lejos con una evidente obsolescencia tecnológica y pueden verse ahora muy complicado su objetivo de ir incrementando producción a niveles previos al bloqueo de estados unidos. Las pérdidas de carreteras y la necesidad de restaurar algunos puertos puede jugar en contra de la recuperación rápida.

El gran reto logístico y económico es coordinar una ayuda que ya está llegando a un país cuya costa caribeña ha quedado desolada y donde se concentra gran parte de la riqueza del país. La tasa de dependencia y precariedad amenaza con incrementarse muy fuertemente y el gasto en reconstrucción y sanitario amenazan con ser absolutamente colosales.

Nuestra experiencia en anteriores catástrofes como el terremoto de Haití es que una vez se apaguen los fuegos iniciales, se recuperen supervivientes, heridos y cadáveres, la ayuda que llegue será menor a la prometida y a solidaridad mermará…es imprescindible que la Comunidad Internacional aprenda de sus errores para ayudar a un país que ya necesitaba ayuda mucho antes de que toda esta desgracia aconteciera