El FMI rebaja al 0,9 % el crecimiento de la eurozona por la guerra en Oriente Próximo

El organismo eleva sus previsiones de inflación hasta el 2,8% este año y ve necesario subir tipos para contener el impacto del encarecimiento energético sobre los precios.

Empresa | 12/06/2026

El conflicto en Oriente Próximo supone un obstáculo adicional para el crecimiento de la economía de la zona euro, según el Fondo Monetario Internacional. El organismo ha revisado dos décimas a la baja su previsión de abril para el PIB de la región, hasta el 0,9%, mientras mantiene en el 1,2% su estimación para 2027.

Los técnicos del FMI señalan, al término de la misión para elaborar el informe anual Artículo IV sobre la economía de la zona euro, que la guerra en Oriente Próximo representa una perturbación adversa importante, aunque temporal. En este contexto, advierten de que los riesgos se inclinan hacia un menor crecimiento y una mayor inflación.

En sentido contrario al debilitamiento de la actividad, el FMI ha revisado al alza sus expectativas de inflación para el bloque del euro. Ahora prevé una tasa del 2,8% este año y del 2,3% el próximo, frente al 2,6% y el 2,2%, respectivamente, que anticipaba en abril.

El riesgo energético sigue abierto

El organismo con sede en Washington advierte de que una perturbación energética más persistente podría elevar aún más la inflación. Al mismo tiempo, una caída de la confianza o un episodio de estrés financiero podrían debilitar la demanda.

En este escenario, el FMI sostiene que los responsables políticos deben gestionar las consecuencias macroeconómicas de la crisis actual y, de forma paralela, impulsar reformas estructurales que permitan reforzar el crecimiento y la resiliencia a medio plazo.

La misión del FMI subraya que la prioridad inmediata debe ser mantener ancladas las expectativas de inflación y amortiguar el impacto de la crisis dentro del margen fiscal disponible.

El organismo considera que las experiencias recientes han puesto de manifiesto la urgencia de abordar la dependencia energética externa, la exposición a interrupciones en el suministro y la limitada capacidad de Europa para gestionar conjuntamente las crisis.

Subir tipos para contener la inflación

En materia de política monetaria, el FMI considera necesario aumentar los tipos de interés para contener el impacto del shock de los precios de la energía sobre la inflación.

En su escenario base, el organismo contempla un aumento acumulado de 50 puntos básicos del precio del dinero en 2026 respecto al nivel anterior a la guerra en Oriente Próximo.

El FMI apunta que, si los precios de la energía y las expectativas de inflación aumentan más de lo que sería compatible con la trayectoria prevista en su escenario central, podría ser apropiado un ajuste más rápido o más pronunciado.

No obstante, si el repunte de las expectativas de inflación viniera acompañado de un deterioro sustancial de las condiciones financieras y de una menor demanda, una brecha de producción más negativa limitaría las presiones inflacionarias y reduciría la necesidad de endurecer el precio del dinero.

Apoyo fiscal temporal y bien dirigido

En cuanto a la respuesta fiscal a la crisis, el FMI apuesta en su escenario base por apoyarse principalmente en los estabilizadores automáticos. En caso de un impacto más intenso, cualquier medida discrecional debería ser temporal, estar bien dirigida y preservar las señales de precios.

El organismo recuerda que muchos países de la eurozona ya han introducido medidas temporales de apoyo energético, aunque no siempre focalizadas. A su juicio, pese a su alcance limitado, estas actuaciones pueden reducir los incentivos para el ahorro energético y generar efectos indirectos adversos.

Por ello, el FMI defiende que cualquier prórroga de estas medidas, o la puesta en marcha de nuevas, debería orientarse mejor a proteger a los hogares vulnerables sin distorsionar las señales de precios.

Credibilidad fiscal a medio plazo

El FMI considera que el ajuste fiscal estructural a medio plazo sigue siendo imprescindible para la zona euro. Todos los países afrontan importantes necesidades de gasto a largo plazo, lo que exigirá una estrategia integral y creíble.

Esa estrategia deberá combinar la repriorización del gasto, una mayor eficiencia en su ejecución y medidas estructurales como la reforma de las prestaciones sociales, junto con reformas que impulsen el crecimiento y permitan aumentar los ingresos.

En este contexto, el organismo defiende la necesidad de aplicar de forma sólida el marco fiscal de la Unión Europea. También advierte de que una mayor flexibilización de las normas fiscales podría socavar la credibilidad del marco y elevar aún más la deuda.