El Papa León XIV pide en el Congreso rebajar la confrontación política
El Pontífice, primer Papa que interviene ante el Parlamento español, reclamó una cultura de la reciprocidad, defendió la dignidad humana desde la concepción hasta el final de la vida y pidió una respuesta ética ante la migración, la guerra y los nuevos desafíos tecnológicos.
Actualidad | Última hora | 08/06/2026

El Papa León XIV ha criticado en el Congreso de los Diputados la “descalificación permanente del adversario” y ha llamado a construir una cultura política basada en la reciprocidad, la convivencia madura y la capacidad de convertir el conflicto en un camino hacia la paz.
Durante su intervención en la Cámara Baja, en el marco de su viaje a España, el Pontífice se convirtió en el primer Papa en hablar ante el Parlamento español. Ante los diputados, defendió que la pluralidad política no debe degenerar en confrontación permanente y pidió “desarmar el lenguaje”, al considerar que “la firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación”.
León XIV subrayó que las palabras tienen capacidad para abrir o cerrar caminos, iluminar la realidad o deformarla. En esa misma línea, y “sin confundir el plano jurídico con el moral”, abogó por “una justa delimitación del poder público” para que la libertad de las personas, comunidades y asociaciones no quede indebidamente restringida.
El Papa sostuvo que ser libre no significa únicamente carecer de coacciones o disponer de muchas opciones, sino poder reconocer el bien y adherirse a él de forma responsable. Desde ese planteamiento, defendió que toda sociedad libre necesita también límites adecuados al poder público.
La dignidad humana y la defensa de la vida
El Pontífice afirmó que la dignidad humana no puede quedar subordinada a consensos sociales cambiantes ni al vaivén de las mayorías de cada momento. Con una “palabra serena y firme”, denunció tanto el aborto como la eutanasia y la exclusión de las personas migrantes, en línea con la “cultura del descarte” que ya había señalado su predecesor, el Papa Francisco.
“¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás? La defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional: es una meta de civilización”, defendió ante los parlamentarios.
A su juicio, la grandeza moral de una nación se mide por su capacidad de proteger las vidas que atraviesan mayor fragilidad. Por ello, insistió en que toda vida humana debe ser reconocida y custodiada “desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia”.
El Papa advirtió de que, cuando esta convicción se oscurece, los más vulnerables se convierten en las primeras víctimas y la ley pierde su sentido más profundo, que es servir y proteger a cada persona.
Migración, fronteras y justicia social
León XIV también situó el drama migratorio como uno de los grandes desafíos morales y jurídicos del presente. Aseguró que esta realidad interpela la conciencia de las naciones y el fundamento ético del orden internacional, y reclamó una respuesta que mire a las personas, aborde las causas que las obligan a partir y vaya más allá de la mera gestión de flujos.
En este sentido, defendió una doble exigencia de justicia social: ofrecer vías seguras y legales, una acogida respetuosa y posibilidades reales de integración. El Papa recordó que numerosos hombres, mujeres y niños se ven obligados a abandonar sus comunidades, sus seres queridos y sus vínculos por circunstancias muchas veces dramáticas.
A su juicio, esta realidad no puede reducirse a una lectura demográfica o económica, porque constituye una cuestión eminentemente moral y jurídica. “Allí donde una persona es discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o lingüístico, o por su condición económica o social, se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos”, afirmó.
El Pontífice lamentó el “altísimo coste” de una realidad muchas veces escondida o ignorada y, frente a las mafias que trafican con personas, pidió fortalecer el rescate y la asistencia a las víctimas. También exigió una respuesta institucional cercana, justa y coordinada en las fronteras, para que dejen de ser lugares de abandono y se conviertan en espacios de protección responsable de la dignidad humana.
La paz, la guerra y el papel de las instituciones
El Papa advirtió de que el mundo atraviesa una profunda crisis espiritual y cultural, visible en múltiples formas de violencia, polarización y desconfianza recíproca. En ese contexto, señaló que la paz no es solo una aspiración política, sino también una verdadera exigencia moral.
León XIV defendió que la paz reclama una palabra pública respetuosa con quien piensa distinto, instituciones al servicio del encuentro, una memoria histórica orientada a la verdad y la reconciliación, y una vida social capaz de sostener la amistad cívica y el respeto mutuo en medio de la discrepancia.
En el plano internacional, pidió valentía diplomática, responsabilidad ética y una visión de futuro basada en el respeto a la identidad de cada pueblo. También alertó de que la guerra es, en última instancia, una dolorosa derrota de la capacidad de negociar, por lo que llamó a redescubrir el valor indispensable del diálogo.
“Las armas pueden imponer un silencio temporal; pero nunca podrán edificar una paz auténtica y duradera”, recalcó. Además, criticó que el rearme se presente como una respuesta casi inevitable y pidió vigilar el uso de las nuevas tecnologías y de la inteligencia artificial en el ámbito militar, en línea con su primera encíclica, Magnifica Humanitas.
El Pontífice defendió asimismo la familia como “primera escuela de humanidad”, el papel decisivo de las instituciones educativas y el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos. También reivindicó la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, al sostener que una libertad auténtica reconoce, respeta y tutela jurídicamente la dimensión religiosa del ser humano.
En este punto, afirmó que la legítima autonomía del orden temporal no debe interpretarse nunca como hostilidad hacia el fenómeno religioso. Según indicó, la fe no pretende imponerse mediante privilegios ni coerciones, pero tampoco puede ser relegada al silencio como si fuera irrelevante para la vida pública.
Renovación moral, secreto confesional y cierre del discurso
León XIV reclamó también una renovación moral y pidió a los políticos altura de miras. En referencia al lema de su visita, les instó a alzar la mirada y a no olvidar que sus decisiones afectan a “personas de carne y hueso”.
“Una ley no alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente aprobada; la alcanza cuando, además de ser válida en su forma, puede comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin avergonzarse”, enfatizó.
El Papa pidió además tutelar jurídicamente “el sigilo sacramental de la confesión”, de modo análogo a como sucede en algunas profesiones. Defendió esta protección como una forma de preservar un espacio sagrado de libertad interior, en el que el creyente pueda abrir su alma ante Dios sin temor a presiones externas, tal y como reconocen también las normas internacionales.
El Pontífice aclaró que su intervención quería ser “un gesto de cercanía hacia España” y la enmarcó en la mutua cooperación y en una palabra ofrecida desde el servicio a la persona humana, respetando la misión propia de las instituciones y la legítima responsabilidad de los legisladores.
Durante su discurso, el más largo pronunciado hasta ahora por León XIV en su viaje a España, con una duración de media hora, también hizo referencias a El Quijote, Unamuno y santa Teresa de Ávila, así como al patrón de España, Santiago, y a la Virgen del Pilar. Al finalizar su alocución, recibió un aplauso de siete minutos.








