El dato adelantado de inflación de junio muestra una economía española que ha conseguido evitar, al menos de momento, un nuevo repunte de precios, pero que sigue instalada en una zona incómoda porque un IPC que se mantiene en el 3,2% por tercer mes consecutivo puede interpretarse como una señal de cierta contención, especialmente en un contexto de tensión energética y geopolítica. Sin embargo, no debemos confundir estabilidad con normalización porque una inflación superior al 3% sigue siendo elevada y continúa erosionando la capacidad adquisitiva de los hogares.
Por ver algo positivo, aunque no es para lanzar las campanas al vuelo, es que la inflación subyacente se ha moderado hasta el 2,9% lo que es un dato relevante porque elimina los componentes más volátiles, como energía y alimentos no elaborados, y permite observar mejor la presión estructural de los precios. Su descenso indica que parte de las tensiones internas de la economía empiezan a relajarse, aunque todavía se mantienen por encima de los niveles compatibles con una plena estabilidad de precios.
Para las familias, el problema es que los precios no están bajando, sino que siguen subiendo, aunque lo hagan a un ritmo estable. Después de varios años de inflación acumulada, una tasa del 3,2% significa que la cesta de la compra, los suministros y muchos servicios continúan encareciéndose sobre una base de precios ya muy elevada, de modo que la percepción social, por tanto, seguirá siendo de pérdida de poder adquisitivo, aunque técnicamente el dato no empeore.
Desde el punto de vista empresarial, la persistencia de la inflación obliga a mantener cautela ya que los costes energéticos, salariales y financieros siguen condicionando los márgenes, especialmente en pymes y sectores intensivos en consumo energético o mano de obra. Además, una inflación subyacente cercana al 3% puede alimentar nuevas demandas salariales y mantener la presión sobre los precios finales.
En definitiva, la inflación española se ha estabilizado, pero no ha vuelto todavía a una zona de confort. El reto para los próximos meses será comprobar si esta moderación de la subyacente se consolida o si la volatilidad energética vuelve a trasladarse al conjunto de la economía.









