Rui Stoffel, CEO y cofundador de BUSUP

BUSUP, compañía especializada en movilidad corporativa, cerró 2025 con más de 46 millones de euros de facturación y prevé alcanzar los 66 millones en 2026. Su CEO y cofundador, Rui Stoffel, analiza el futuro de los desplazamientos al trabajo, el papel de la tecnología y el reto de ofrecer alternativas reales al vehículo privado.

BUSUP cerró 2025 con más de 46 millones de euros de facturación y prevé alcanzar los 66 millones en 2026. ¿Qué está impulsando este crecimiento y cuánto recorrido ve todavía en el mercado de la movilidad corporativa?

El crecimiento responde, en gran medida, a que las empresas están entendiendo que la movilidad de sus empleados ya no es un servicio accesorio, sino una pieza estratégica. Tiene impacto en la capacidad de atraer talento, en la experiencia del empleado, en la eficiencia de las organizaciones y también en sus objetivos de sostenibilidad.

Al mismo tiempo, estamos viendo que las necesidades son cada vez más complejas. Ya no basta con diseñar una ruta de autobús y mantenerla fija durante años. Las empresas tienen plantillas híbridas, distintos horarios, múltiples centros de trabajo y una demanda que cambia constantemente. Necesitan soluciones capaces de adaptarse a esa realidad.

Por eso estamos ampliando nuestra propuesta para que las empresas puedan gestionar diferentes necesidades de movilidad desde un mismo entorno, utilizando la tecnología para entender la demanda, optimizar los servicios y adaptarlos cuando sea necesario. El recorrido del mercado sigue siendo muy grande porque todavía existe una fuerte dependencia del vehículo privado en los desplazamientos al trabajo y una parte importante de esa movilidad no está bien resuelta.

 

Muchas compañías quieren reducir el uso del coche privado, pero el trabajador necesita alternativas que sean competitivas en tiempo y comodidad. ¿Qué hace falta para que la movilidad compartida deje de ser una opción minoritaria?

Hay que partir de una realidad muy sencilla: nuestro principal competidor no es otro operador de transporte, es el coche privado. Y para que una persona deje el coche en casa, la alternativa tiene que ser realmente competitiva.

Tiene que funcionar en términos de tiempo, comodidad, disponibilidad y coste. No podemos pedirle a alguien que cambie sus hábitos simplemente porque una alternativa es más sostenible. Tenemos que ofrecerle una solución que también sea competitiva para el usuario y que responda a sus necesidades reales.

Por eso es tan importante entender cómo se desplazan las personas, desde dónde, en qué horarios y con qué frecuencia, y utilizar esa información para diseñar servicios que puedan adaptarse a la demanda. La movilidad compartida tiene mucho potencial, pero tenemos que conseguir que sea una opción atractiva y conveniente para el usuario, no simplemente una opción más sostenible.

 

BUSUP está evolucionando hacia un modelo de Mobility Hub que integra autobús corporativo, carpooling y otras soluciones. ¿Estamos avanzando hacia una gestión de la movilidad mucho más personalizada y flexible que las tradicionales rutas fijas?

Sin duda. La movilidad corporativa está pasando de un modelo basado principalmente en rutas fijas a otro mucho más dinámico, flexible y basado en las necesidades reales de las empresas y sus empleados.

El Mobility Hub y los Ecosistemas de Movilidad corporativa compartida nacen precisamente de esa evolución: permitir que las empresas puedan gestionar diferentes alternativas de movilidad desde un mismo entorno común y adaptar esas soluciones a las necesidades de cada centro, cada colectivo y cada momento.

El autobús corporativo seguirá teniendo un papel fundamental, pero puede convivir con soluciones de movilidad compartida y otras alternativas, como el transporte bajo demanda. La clave no está en acumular servicios, sino en integrarlos y gestionarlos de forma inteligente para que cada solución responda a una necesidad concreta.

 

La movilidad corporativa tiene también un componente económico. ¿Qué retorno puede obtener una empresa cuando invierte en facilitar los desplazamientos de sus empleados, más allá de la reducción de emisiones?

La movilidad tiene un impacto mucho más amplio que las emisiones. Es también una herramienta de talento. Facilitar que una persona pueda llegar de forma cómoda y fiable a su lugar de trabajo puede marcar la diferencia a la hora de atraer y fidelizar determinados perfiles, especialmente en centros o localizaciones donde el acceso puede ser más complicado.

También tiene un impacto en la eficiencia de la organización. Una solución de movilidad bien diseñada puede ayudar a optimizar recursos, mejorar la planificación del transporte y facilitar el acceso de los empleados a determinados centros o turnos.

Y hay una dimensión que cada vez cobra más importancia: la experiencia del empleado. Reducir el estrés asociado al desplazamiento, mejorar la puntualidad o facilitar la conciliación son factores que pueden repercutir en el día a día de las personas.

Por eso creemos que la movilidad debería formar parte de la estrategia de las compañías. No se trata únicamente de poner un autobús para llevar a los empleados a la oficina, sino de entender qué papel puede jugar la movilidad dentro de la propuesta de valor y de las necesidades operativas de una empresa.

 

¿Hasta qué punto deberían intervenir las administraciones para impulsar planes de movilidad al trabajo o cree que son las propias empresas las que deben asumir el liderazgo?

Creo que es una responsabilidad compartida. Las empresas tienen que asumir su parte y entender que la movilidad de sus empleados es una cuestión estratégica. Y quienes trabajamos

en este ámbito tenemos que ser capaces de ofrecer soluciones que compitan realmente con el vehículo privado y respondan a las necesidades de las personas.

Las administraciones también tienen un papel fundamental, especialmente a la hora de eliminar barreras legales y fiscales convirtiéndolas en incentivos, facilitando la implantación de soluciones de movilidad y favoreciendo una mayor coordinación entre los diferentes actores.

No podemos plantearlo como una responsabilidad exclusiva de un único actor. Si queremos cambiar la forma en la que las personas se desplazan al trabajo, necesitamos que empresas, operadores, administraciones y trabajadores avancemos en la misma dirección, cada uno desde su ámbito de responsabilidad.

 

Si miramos a los próximos cinco años, ¿cómo cree que cambiará la forma en que los trabajadores se desplazan a sus centros de trabajo?

Creo que veremos una movilidad mucho más flexible, conectada y adaptada a las necesidades reales de las personas. El modelo en el que todos los empleados utilizan la misma ruta, a la misma hora y de la misma manera tiene cada vez menos sentido en un contexto de trabajo híbrido y de mayor diversidad en los horarios y necesidades de las plantillas.

La tecnología va a tener un papel fundamental para entender mejor la demanda, combinar diferentes alternativas y tomar decisiones de forma más inteligente. El autobús corporativo seguirá siendo importante, pero estará cada vez más conectado con otras soluciones y con la información que permite optimizar su funcionamiento.

En definitiva, creo que pasaremos de hablar únicamente de transporte corporativo a hablar de movilidad corporativa: un ecosistema de soluciones que permita a las empresas gestionar sus desplazamientos de una forma más sencilla y eficiente, y ofrecer alternativas más ajustadas a las necesidades de sus empleados. El objetivo final es que dejar el coche en casa sea una opción realmente viable para cada vez más personas.